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Sucesos que impactaron la opinión pública de los uruguayos

“VARELITA”: EL PISTOLERO CON POLLERA

UN CASO FUERA DE SERIE



UNA CRÓNICA DE ANGEL DE VITTA




"Varelita" mira a los periodistas con un gesto burlón y resignado a la vez.

A PESAR DE QUE NUESTRO PAÍS ES PEQUEÑO, ES MUY RICO EN CRÓNICA POLICIAL DE TODO TIPO. ASI HEMOS RECORDADO EL ESPECTACULAR ROBO DE “LAS MONJITAS”, “EL SÁTIRO DE POCITOS”, “LA MUERTA DEL PLACARD” Y OTROS NO MENOS SENSACIONALES. SIN DUDA SI AGATHA CHRISTIE O ALFRED HITCHCOCK HUBIERAN CONOCIDO NUESTROS CASOS, LES HABRÍA INSPIRADO UNA NOVELA DE SUSPENSO, CON LA DIFERENCIA QUE ESTOS CASOS FUERON REALES. EN ESTA OPORTUNIDAD, PARA LOS AMANTES DE LA CRÓNICA ROJA, LE TOCA EL TURNO A...


“VARELITA”: EL PISTOLERO CON POLLERA UN CASO FUERA DE SERIE



COMIENZO DE UNA “NOVELA” POLICÍACA

Corría el año 1961 y Montevideo estaba convertida en prácticamente una cueva de ladrones de toda clase, principalmente pistoleros, que procedían de Argentina. Entre estos, proliferaban los atracadores que abundaban en la ciudad de Buenos Aires, Rosario y Córdoba. En la Policía Federal argentina, se destacó la figura del comisario Evaristo Meneses (conocido como el “Pardo”), quien tuvo la difícil labor de prevenir y reprimir este tipo de violentos delitos, motivo por el cual esas peligrosas bandas de malvivientes comenxaron a cruzar el “charco”. Increíblemente, muchos de ellos luego de relizar un fuerte atraco en Buenos Aires, venían a Uruguay a “descansar”.

En mayo de ese año fue robado el Banco Transatlántico de Carrasco por una banda de asaltantes “sin patente”. Luego de intensas investigaciones, la policía argentina pudo saber que el líder de ese gurpo era un hombre de 30 años con larga carrera delictiva llamado Jorge Eduardo Vilariño, el mismo que había llevado a cabo importantes atracos en Buenos Aires. El comisario Meneses, ni corto ni perezoso, dio aviso a la policía uruguaya de que Vilariño había huído a Montevideo. Se había escapado de la cárcel de Villa Devoto, y así logró cambiar su apodo de “El rey del boleto” por “El Rey de la fuga”. Los lugares en que se escondía, él o cualquier maleante, eran conocidos en la jerga policial como “enterraderos”. Estos “enterraderos” le costaba mucha plata a Vilariño, por lo cual tuvo que efectuar algunos atracos también en Montevideo.

El 30 de junio del mismo año, en horas de la tarde, dos hombres se dirigieron a un edificio ubicado en la calle Colla 2278 (actualmente Benito Nardone) esquina Patria, en la zona de Punta Carretas. Uno de ellos se llamaba Vilariño aunque lo conocían por “Rey”, y el otro se llamaba Cocucci. Iban a hablar con un tal señor Pons. Una vez que ingresaron al edificio y entraron a uno de los apartamentos, se sentaron en uno de los sillones quedando a solas con un hombre joven, de buena apariencia que era conocido por el seudónimo de “Varelita” porque a pesar de ser argentino, era amante del fútbol y admirador de Severino Varela; pero su veradero nombre era Ruben Adhemar García.

En realidad, aquellos dos hombres le fueron a pedir ayuda a “Varelita”. Luego del atraco al Banco Transatlántico, necesitaban un auto para fugarse a cualquier lugar, ya que sabían que el comisario Meneses estaba a punto de cruzar a Montevideo. La idea era que si “Varelita” conseguía un auto se escapaban a Brasil. Después de un rato de intercambiar varias ideas, “Varelita” les pidió una hora para ver qué podía hacer. Según les dijo, después de todo él no conocía todavía Brasil.

Y así fue, tal cual. Una hora después “Varelita” apareció con un auto. En él, se introdujeron los dos hombres que lo habían visitado y dos mujeres. Minutos después, llegaban al aeropuerto de Carrasco. Se acercaron a la ventanilla de venta de pasajes, y ahí Vilariño se dio cuenta de un hombre que los observaba. Fue hasta él, y por un instante mantuvo unas palabras, luego de lo cual, el resto del grupo vio como estrechaba su mano y se aproximaba a ellos. No había

ningún problema; ya estaba todo arreglado.Lograron su cometido. Cuando la policía llegó tras ellos, ya era demasiado tarde. Se habían escapado.


CONTINÚA LA BÚSQUEDA


A pesar de la frustración de la policía por haber fracasado en su intento de captura, no bajaron los brazos. El mismo día que se escaparon, la sucursal Aguada del Banco de Crédito de la calle Rondeau y Lima fue asaltada y dos días después lo fue una sucursal de Manzanares S.A. Los investigadores pensaron en un primer momento que se econtraban frente a una misma banda de atracadores, pero luego que Vilariño huyó, se dieron cuenta que se trataba de dos o más grupos de asaltantes. La cosa estaba estaba que “ardía”.

Los funcionarios de la justicia allanaron varias fincas en busca de los pistoleros, y también visitaban las pensiones y boliches de Ciudad Vieja. Precisamente en esos tiempos estaba presente el “Mincho” Martincorena, otro pistolero de gran fama. El operativo de investigación estaba a cargo del Jefe Guillermo Coolighan y el director Guillermo Copello. El Jefe de Policía se había puesto en contacto con la Policía Federal brasilera para que capturaran a Vilariño. El comisario argentino Evaristo Meneses junto a dos oficiales de Investigaciones, habían llegado a Montevideo.

Sabían que las dos mujeres que fugaron con Vilariño y Cocucci eran sus esposas. Una mujer había quedado en Uruguay, y era la esposa de otro del grupo. El tema ahora era saber quien era el misterioso señor Pons. Meneses le aseguró a Copello que era argentino. Para él no habían dudas, el tal Pons era... el “Varelita”. La policía razonó que si había dejado a su mujer aquí, entonces en cualquier momento pensaba volver. Al otro día, Meneses y los suyos partieron rumbo a Buenos Aires nuevamente.


LOS FUGADOS LLEGAN A BRASIL

El grupo que había logrado escapar, llegó finalmente al aeropuerto de Congonhas, en San Pablo, Brasil. Allí estaban Vilariño, Cocucci, sus mujeres y “Varelita”. La policía civil paulista no tardó en reconocerlos. Al llegar al sector de las revisación de equipajes, dos policías se acercan a Vilariño por ambos lados y Cocucci al advertir la acción, en un intento desesperado por escapar, sacó su arma “Ballester Molina” 45 y disparó contra uno de ellos. La verdad es que se armó terrible “cocoa” en el aeropuerto, con toda la gente gritando por el pánico de la balacera.

Cocucci y Varelita “rajaron”, y dos policías les “pisaban” los talones. Los pistoleros se dirigían a la salida del aeropuerto y en eso Cocucci se da vuelta y dispara nuevamente su arma, hiriendo a una aeromosa en una pierna. Los policías que los perseguían se detuvieron para atenderla y los maleantes ganaron ventaja mezclándose con la multitud de pasajeros y transeúntes. Mientras, en el salón del aeropuerto, la policía logró detener a Vilariño y las dos mujeres. Esposado y escoltado, Vilariño y las cómplices, fueron conducidos a Uruguay al Departamento Central de Policía.

Llegaron en un avión de la Fuerza Aérea que descendió en Carrasco el 5 de julio. Eran custodiados por cuatro agentes de Investigaciones. Fueron rodeados por periodistas y fotógrafos por doquier. Preguntas y flashes se entremezclaban. Una furgoneta policial los partió rápidamente a San José y Yí. Al final, Cocucci fue apresado en Santos, mientras que su mujer y la de Vilariño fueron puestas en libertad.

Las cosas se ponían cada vez más difícil para la policía. En julio fue asaltado el Cambio Paganini de la calle Colón hacia Rambla Roosvelt por el temido pistolero el “Mincho”. En dicho suceso fue muerto el agente Juan Pedro Piriz. En filas de la policía la orden circulaba rápida y silenciosa: tirar a matar.

El comisario argentino Meneses, pronto logró detener a Vilariño y confirmó que éste nada tenía que ver con los atracos del “Mincho”.



DAN CON “VARELITA”


 

El peligroso pistolero en el momento que intentaba escapar de la policía. El joven "Varelita" fue trasladado a Argentina en mayo de 1963.


Debido a las detenciones realizadas, la policía dio con el paradero de “Varelita”. Varios vehículos de Investigaciones y furgonetas de la Guardia Republicana partieron una mañana de julio con destino a la calle Colla 2278, , donde vivía la mujer de Ruben “Varelita” García. Los coches rodearon la manzana. Vieron a la mujer camiando por la vereda hacia el edificio con una bolsa de mandados. La mujer los vio pero siguió como si nada. Tocó el timbre del portero eléctrico y le avisó a su compañero que la “cana” lo venía a buscar.

Finalmente la policía esperó, y cuando la mujer entró al departamento se presentaron exigiéndole que los dejara entrar. Tenían orden de allanamiento y sabían que el pistolero argentino se encontraba allí. La mujer no se negó a que entraran. Pero como por arte de magia, “Varelita” había desaparecido. Cuando su mujer le dio aviso, él se puso una campera, abrió la ventana y saltó a una azotea vecina. Ya había practicado el escape por las dudas.

Así llegó, corriendo, a una casa en la calle Canelones entre Río Branco y Julio Herrera y Obes. Lo atendió un hombre joven. “Varelita” le contó todo y le pidió que le consiguiera rápido un pasaporte. Al poco rato apareció una mujer de unos sesenta años, Juana La Rosa. A ésta se le ocurre una idea para que escape sin que lo atrapen: ¡disfrazarlo de mujer!

Muy en contra de su gusto, al final “Varelita” aceptó. Ayudada por una mujer más joven (apodada “La Loba” y fallecida unos años atrás) la “Juana” comenzó por depilarle las piernas. Lo que más trabajo les dio fue conseguir un calzado femenino talle 41. Luego vino todo el maquillaje y el vestuario: medas blancas y pollera escocesa a cuadros. Lucía además, un conjuntito celeste de “ban lon”. El calzado era zapatos de taco negro. Lo principal era que iba “calzado” con un “Ballester Molina” calibre 45. Al terminar quedó “preciosa”. Parecía ser una tremenda “mina”, propia para vedette de revista o una comparsa. “Varelita” se consideraba muy “machote” y dicen que cuando quedó “lista” no paraba de putear: “carajo, lo que tengo que hacer para que no me agarre la cana.”, decía.

Así fue que “La Loba” y la “Juana” lo llevaron en un taxi a la terminal del Hidropuerto de Montevideo. Minutos antes había reservado pasaje en Causa y el vuelo partía a las 14:15. El “tachero” por el espejo retrovisor observaba la extraña “mujer” mientras “Varelita” disimulaba con mucho esfuerzo su voz varonil. Tenía un pasaporte chileno con el nombre de Lucía Álvarez Samarano. La funcionaria encargada de la revisación tomó su valija y empezó a remover prendas. “Varelita” luego se sentó en una de las banquetas mientras esperaba.

Un marinero que al principio la tomó por una mujer “despampanante” y no dejaba de mirarla, pronto observó que al sentarse mantenía sus piernas muy abiertas de una forma poco femenina y le comunicó su observación a un agente de Inteligencia y Enlace de guardia en el hidropuerto. Éste se identificó y le dijo que lo tenía que acompañar. “Varelita” le ofreció 2.500 pesos si lo dejaba pasar. Pero no tuvo suerte. El agente sacó sus esposas y llamó a otros dos policías que estaban cerca. “Varelita” había caído. Toda la prensa se hizo eco de la sensacional noticia para aquella época en donde los travestis no eran tan públicamente vistos como ahora. Fue la tal noticia policial del momento.

Cuando ingresó a Jefatura, los policías no podrían creer lo que veían y haciendo un paréntesis en su intensa labor, se burlaron un poquito de él: “pero que cosita divina que tenemos aquí”, “que linda colita”, y todas esas cosas. “Varelita” que era muy hombre, sentía una bronca enorme pero a esa altura de los acontecimientos se la tenía que bancar. ¿Qué va a hacer? Ahora le había tocado perder.




El comisario argentino Evaristo Meneses.

EPÍLOGO

Ruben Adhemar García (“Varelita”) tenía 25 años, porteño de nacimiento y fanático de Boca Juniors y de Severino Varela, ídolo de la hinchada de Boca. Durante unos días siguió detenido en Jefatura de Policía de Montevideo para reconocer a otras personas y luego de responder a preguntas del magistrado se realizaron los trámites de deportación. Fue llevado después al Penal de Punta Carretas y fue un “preso modelo”.

Finalmente el 26 de mayo de 1963 fue conducido al Aeropuerto de Carrasco rumbo a Argentina. Fue el final para un temido maleante que se lo conoció como “EL PISTOLERO CON POLLERA”.

Fuente: Revista Dimension Desconocida


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