En diciembre de 1824 - cuenta
Rómulo Rossi - arribó a nuestra Ciudad una misión apostólica integrada por
el Arzobispo don Juan Muzzi y su secretario el canónigo don Juan María de
los Condes de Mastai Ferrati, (quien se convertiría en al Papa Pío IX un
cuarto de siglo mas tarde).
La misión fue cumplidamente agasajada por autoridades y gente representativa
de nuestra ciudad; y uno de los homenajes consistió en un banquete que le
ofreciera don Francisco Juanicó en su quinta ubicada en el Arroyo Miguelete.
La mañana del banquete amaneció bajo una lluvia torrencial, pero lo mismo la
misión apostólica partió en carruaje en dirección a la quinta de Juanicó,
dejando atrás los muros de Montevideo.
Cuando se aproximaron a la orilla del Arroyo Miguelete, encontraron primero
el gajo de agua que después se llamó "de Quita Calzones", pero que en
aquella época no estaba bautizado; y lo hallaron tremendamente crecido, al
punto que se temió que no diera el paso.
El cochero, ante la duda, entendió que la solución era cruzarlo enseguida, "porque
el arroyo viene bufando fuerte de arriba". Así se acordó. Penetró el
carruaje en medio del caudal revuelto del arroyuelo enfurecido, y el cochero
fue azuzando con su látigo a los caballos para que avanzaran.
Y así adelantó camino el vehículo, en medio de traqueteos y riesgos sin
cuento, hasta que de pronto, cuando ya faltaba poco para ganar la orilla
opuesta, los animales se empacaron, y no hubo forma de hacerlos avanzar un
paso mas.
"Y ahora?", preguntaron inquietos los viajeros.
El cochero no vaciló:
"No hay mas remedio que bajarse y salir a pie, antes de que la corriente lo
impida". Resignados, el Cardenal Muzzi y su secretario se quitaron los
zapatos, medias y pantalones, y se arremangaron las sotanas. De ese modo se
internaron en el arroyo embravecido, marchando con el agua hasta la cintura;
pero así pudieron llegar hasta la orilla opuesta con la ropa seca, y asistir
al banquete sin novedad.
Veinticinco años mas tarde de este accidentado cruce, Mastai Ferrati se
convertía en el Papa Pío IX.
Por entonces, el Gobierno de nuestra República, envió como Ministro ante la
Santa Sede a don Salvador Ximenez.
Era este hijo de don Manuel Ximenez y Gomez, quien, en ocasión de aquella
visita a Montevideo, había trabado con el entonces Secretario, amistad
estrecha, al punto de pedirle que le saliera de padrino para el bautismo de
su hijo Salvador.
Pasados los años y convertido este en embajador uruguayo, no bien llega a
Roma va a visitar al Papa, su padrino.
Al llegar hasta el Sumo Pontífice, se dá a conocer como su ahijado de
Montevideo, y entonces el Papa, al evocar su pasaje por nuestra ciudad, se
echa a reir recordando el episodio del accidentado cruce del Arroyo
Miguelete:
"Mi ricordo, mi ricordo! Quita calzoni, quita calzoni!", aludiendo al
apresurado despojo de ropas a que se vieron forzados para poder sortear la
corriente.
A su regreso a Montevideo, don Salvador Ximenez, relató a varios conocidos
esta exclamación del Papa: y fue así, segun Rossi, como quedó bautizado ese
ramal del Arroyo Miguelete con el nombre de "Quita Calzones", con que se le
conoció desde entonces.
"Boulevard Sarandí" de Milton Schinca.
(En el triste Montevideo Cisplatino 1817-1828)
Anécdotas, gentes, sucesos del pasado montevideano.
