Porqué fueron canarios, precisamente
canarios, los que vinieron a fundar Montevideo?
Porqué la Corona Española los eligió canarios y no gente de la propia España
peninsular?
Porqué este capricho del destino, que vino a legarnos entre muchas otras
cualidades y virtudes, nuestro dialecto rioplatense y uruguayo que nos es tan
querido y que nos hace tan facilmente reconocibles?
Tal vez esta historia no sea demasiado recordada, lo que parece injusto desde
que supone olvidar a un hombre, un marino, que debe asociarse a las
rememoraciones de nuestro nacimiento y tiempos iniciales.
Se trata de un tal José Fernandez Romero, excelente navegante, nacido en las
Islas Canarias, pero radicado desde antes de aquel histórico 1726, en la
ciudad de Buenos Aires.
Precisamente fue él quien tuvo la feliz ocurrencia de trasplantar coterraneos
suyos a nuestra península entonces desierta, para fundar con ellos la nueva
ciudad que el monarca español proyectaba.
Cuando se enteró de que se requería gente para ir a poblar esa punta de tierra
pelada, y no se la encontraba, se acordó de sus paisanos y de sus cualidades
reconocidas de laboriosidad, y se animó a proponerle al Cabildo de Buenos
Aires una singular transacción: porque no sugerirle a Felipe V que remita aquí
familiares de las Canarias, a cambio de establecer un comercio regular entre
esas islas y el Río de la Plata?
Al Cabildo le pareció aceptable aquel plan del marino, y no solo lo aprobó sin
mucha discusión, sino que le encomendó al propio Romero que viajara
personalmente a Madrid para elevarle la proposición al monarca en nombre de la
autoridad bonaerense.
Marchó a la corte el navegante canario y la existencia de Montevideo atestigua
el éxito de su gestión.
Su propuesta se tradujo en esta fórmula comercial, aprobada por la corona: las
Islas Canarias nos venderían vino, aguardiente, almendras, gofio, frutas secas,
tejidos ordinarios para abrigo, etc., y en pago se llevarían del Plata
variedad de productos nuestros.
Y aquí viene la curiosa cláusula que guarda relación con nuestros fundadores:
el comercio anual a efectuarse de esa forma, alcanzaría a unas 250 toneladas
en total; y por cada 100 toneladas, se transportarían a la ciudad a fundarse,
cinco familias canarias.
A todas ellas se sumarian 15 familias mas, con las cuales se completó -
mediante este procedimiento de almacenero - el nucleo fundacional de nuestro
querido Montevideo.
Pasan apenas cuatro años de la fundación, y este mismo marino vuelve a
aparecer vinculado con nuestra ciudad.
En 1730 se edita en Cadiz un libro escrito por él, que es el primero donde se
menciona a Montevideo, y se le dedica atención destacada.
José Fernandez Romero, excelente navegante como queda dicho, era un conocedor
detallado de todos los recovecos, trampas y escollos que podían acechar a
quien se atreviese a surcar las aguas del Río de la Plata.
Y el se sorprendió de lo mal que conocían estas regiones los marinos españoles
que por aquí llegaban; de ahí que decidiera componer una obra que les sirviera
de auxilio en sus incursiones rioplatenses, informándoles de todo cuanto
debían conocer para orientarse sin demasiadas zozobras por estas aguas
nuestras, un tanto traicioneras.
Una singularidad del libro de Fernandez Romero radica en su título, que, como
muchos de su época, parece emular por su largura a una travesía del Atlántico,
tema del cual trata.
Decía todo esto como titulo:
"Instrucción exacta y útil de las derrotas y navegaciones de ida y vuelta
desde la grandiosa y formosa bahía de Cadiz hasta la boca del gran Río de la
Plata, hablando también de las navegaciones de dicha boca hasta Montevideo, y
de éste a la boca del mencionado río, costas, islas, bajos, fondos, variedad
de corrientes, con todas los cuidados, advertencias y precauciones que en sus
navegaciones se deben practicar; y asimismo las islas y bajos peligrosos que
hay al Norte Sud de la Equinoccial latitud y longitud de sus situaciones".
Y así, en medio de título tan farragoso, nuestra querida Montevideo quedó
incorporada a los anales bibliográficos de la humanidad.
Demasiado olvidado se nos ha quedado este marino Fernandez Romero, vistas sus
dos aportaciones a nuestra existencia: inventor de la fórmula poblacional
fundadora y autor del primer libro donde su habla de nuestra ciudad.
Tan olvidado se nos ha quedado, que ni siquiera lo hemos honrado dando su
nombre a calle alguna en Montevideo, ciudad que bastante le debe.
Merecería otro lugar mas agradecido en la memoria montevideana, a veces un
tanto enclenque y endeble.
"Boulevard Sarandí" de Milton Schinca.
(Los días de la fundación y la colonia - 1726-1805)
Anécdotas, gentes, sucesos del pasado montevideano.