La Iglesia
Matriz de Montevideo fue elevada a la categoría de Catedral
Metropolitana por el Papa León XIII en 1897.
El edificio que conocemos actualmente fue el tercero en albergar la
iglesia principal de la ciudad.
En 1730, mientras se construía la Iglesia Mayor y casa de los Párrocos,
situada en Ituzaingó y Rincón, el Cabildo de Montevideo dispuso la
utilización provisoria de la capilla de la Compañía de Jesús. Esta
última había sido levantada por los jesuitas en 1724 con la finalidad de
contar con un espacio, aunque fuese precario, para brindar asistencia
espiritual a los más de dos mil indios que intervenían en los trabajos
de edificación de las bases de la ciudad.
La capilla de los jesuitas, ubicada en Piedras y Zabala, fue utilizada
como templo hasta 1740, cuando se inauguró la primer Iglesia Matriz de
Montevideo. Casi medio siglo más tarde, el desplome parcial del templo,
sucedido en 1785, hizo cobrar conciencia de la necesidad de construir
una nueva iglesia.
El 20 de noviembre de 1790, el Padre Juan José Ortiz –párroco de la
ciudad desde 1783 y defensor incansable de este nuevo proyecto- colocó
la piedra fundamental de la actual Iglesia Matriz, proyectada por el
Ingeniero portugués José Custodio de Saá y Faría. La dirección de la
obra que se extendió hasta el año 1804 estuvo a cargo del Ingeniero José
del Pozo y Marquy. Finalmente, el 21 de octubre de ese año fue
inaugurada la Iglesia llamada de la Inmaculada Concepción y dedicada a
los santos tutelares de la ciudad: San Felipe y San Santiago.
Desde ese entonces el edificio experimentó modificaciones y reparaciones
de diversa magnitud. Inconclusa desde la primera década del siglo XIX, a
causa de los daños producidos por invasiones inglesas a Montevideo, la
torre sur de la iglesia terminó de construirse en 1858, paralelamente a
las reparaciones efectuadas en la torre norte. Por otra parte, la
colocación de las esculturas en el lugar que hasta entonces había
ocupado las oficinas del vigía y el revoque del frontispicio,
concretados entre 1859 y 1860, provocaron cambios de singular
importancia enla fachada principal.
En 1905 se llevó adelante una segunda refacción de relevancia. En este
caso el responsable de las reparacionesde la fachada, el atrio y las
torres fue el Arquitecto Antonio Llambías de Olivar. En lo que refiere a
su aspecto, las obras no supusieron cambios sustanciales dado que se
respetó el estilo arquitectónico y la decoración exterior existente. De
forma similar a lo ocurrido en la primer Iglesia Matriz, el derrumbe de
una voluta de piedra que adornaba una de las columnas centrales del
edificio, incidió de forma decisiva en la iniciativa de emprender una
restauración total del templo.A mediados de 1941 comenzaron las obras de
reacondicionamiento y recuperación, las cuales se extendieron a lo largo
de veinte años. En este proceso de restauración pueden reconocerse
claramente dos etapas: la que va desde 1941 a 1952 a cargo del
Arquitecto Rafael Ruano y la comprendida entre esta fecha y 1961, cuya
dirección recayó en el Arquitecto Guillermo Armas. Fue precisamente en
esta primer etapa cuando se realizaron los principales cambios en el
exterior del edificio. Ellos fueron la restauración de la fachada
principal y de las dos torres, la colocación de un reloj litúrgico en la
torre norte y el emplazamiento del grupo escultórico realizado por José
Belloni, en sustitución de las imágenes instaladas en 1859. En esta
oportunidad también volvieron a colocarse las puertas originales de la
Catedral que habían sido trasladadas al Santuario del Cerrito de la
Victoria. Durante su restauración fue hallada una inscripción que
revelaba los nombres de quienes las habían trabajado en 1804. La iglesia
recuperaba así parte de su historia.

Reproducción del primer daguerrotipo de
la Iglesia Matriz (28 de febrero de 1840).A fines de febrero de 1840
llegó a Montevideo la nave escuela francesa "L'Orientale" en la que
viajaba un grupo de jóvenes estudiantes belgas que aspiraba a dar la
vuelta al mundo en esta corbeta. El abate Compte, uno de los pasajeros
de la nave y guía de viaje del estudiantado, llevaba consigo una máquina
de daguerrotipo, cuyo invento había sido presentado un año atrás en la
Academia de Ciencias de París. El 28 de febrero, desde el Salón de la
Casa de Representantes del Cabildo, Compte tomó la imagen de la Iglesia
Matriz. El tiempo de exposición necesario para obtener la imagen fue de
cuatro minutos. Este primer daguerrotipo del Río de la Plata fue
reproducido pocos días después en el periódico montevideano "El Talismán",
el 4 de marzo de 1840.

Año 1868. En esta fotografía puede
apreciarse la Iglesia Matriz con sus dos torres recientemente terminadas
de construir (1858). Vemos también las esculturas colocadas en 1859
representativas de la Virgen María (figura central) y los santos
tutelares del templo, San Felipe (figura derecha) y el apóstol Santiago
(figura izquierda).

Iglesia Matriz vista desde la calle
Sarandí. Los rieles visibles en el empedrado de la calle Sarandí
probablemente fuesen utilizados por los tranvías tirados por caballos,
usual medio de transporte colectivo de los últimos años del siglo XIX.
De ser así, esta fotografía habría sido tomada en la última década del
siglo XIX

La Iglesia Matriz y la Plaza Constitución
en 1916. En 1907, luego de la refacción total a la que fuera sometida la
Iglesia en el año 1905, fueron colocados tres grandes portones de hierro
en la fachada principal.
Año 1916. Campanario correspondiente a la
torre norte la Iglesia. A la derecha de la torre se encuentra la figura
escultórica de San Felipe. La fotografía esta tomada desde la azotea del
templo, por lo que puede contemplarse parte del paisaje edilicio de la
Ciudad Vieja hacia la zona de la Rambla Sur. Al fondo a la derecha se
distingue el edificio del Templo Inglés.

Año 1928. El decorado de la fachada con
la bandera de los Treinta y Tres Orientales sugiere la conmemoración
probablemente del 25 de agosto de 1825.
Año 1930. La Iglesia Matriz vista desde
la calle Sarandí.
En esta fotografía correspondiente al año
1948 se observa la fachada y las torres de la Iglesia Matriz ya
restauradas. En esta primera etapa de la restauración fue colocado un
reloj litúrgico en la torre norte que marca los principales ciclos de la
vida cristiana. El grupo escultórico colocado dentro del tímpano central
constituye otra de las innovaciones de la década de 1940. El monumento,
en el cual su autor, José Belloni, representó la investidura de Pedro
por Jesucristo, vino a sustituir a las antiguas imágenes colocadas en
1859.La Matriz Nueva
De las obras monumentales de la época del
coloniaje, que nos legó la dominación española, no quedan quedan sino
del antiguo Montevideo, sino el Cabildo y la Matriz, y algunos restos de
las Bóvedas.
La llamada entonces la Matriz nueva, destinada a ser con el tiempo, como
lo ha sido, una de las obras tradicionales de más merito, tuvo comienzo
en el año 1790, invirtiéndose 14 años en su construcción, merced a los
intervalos sufridos por la escasez de fondos para continuarla.
El presbítero don Juan José Ortiz, natural de Buenos Aires, era a la
sazón el cura y vicario de la iglesia parroquial de Montevideo, de cuyo
cargo se había recibido el 1º de enero del año 1783 en la Matriz Vieja.
Lamentaba que su feligresía no tuviese una iglesia capaz en que asistir
a los oficios divinos, y juzgando bochornoso que en un pueblo cristiano
que poseía ya casas soberbias de hermosa construcción, fuese inferior a
todas ellas el Santuario, que amenazaba ruina, se resolvió a promover la
edificación del gran templo.
Con este propósito hizo tres viajes a Buenos Aires a sus expensas, y a
su costa mandó levantar allí planos para las obras y calcular el costo.
Consiguió que se mandasen entregar de las Reales Cajas 23 mil pesos por
la tercera parte del presupuesto, para la fábrica de la nueva iglesia,
cuya cantidad convino se pagase al mayordomo de fábrica coronel don Juan
Francisco García.
Contando con ese recurso, se resolvió dar comienzo a la obra proyectada,
sin más fondos por el momento que sesenta pesos y las limosnas
colectadas entre el vecindario.
Aprobado el plano por el Ayuntamiento, se cometió al maestro mayor de
reales obras, don Tomás Toribio, arquitecto de la Academia San Fernando,
la dirección de la obra, debiendo componerse el nuevo templo de 75 varas
de largo por 25 de ancho, con tres naves de bóveda, cúpula o media
naranja, de elevación proporcionada a sus bóvedas, con dos torres de
tres cuerpos cada una, y una capilla fuera de la obra principal, de doce
varas de diámetro, hecha con media naranja y destinada al Sacramento.
El 20 de noviembre de ese año se ponía la piedra fundamental del nuevo
templo con la solemnidad de estilo, labrándose el acta siguiente:
"El 20 de noviembre del año de 1790, a las diez de la mañana, se colocó
solemnemente en los cimientos de la iglesia Matriz de Montevideo, una
piedra, la cual fue puesta sobre la fundamental de dicha Matriz a las
tres varas de cimiento, que poco más o menos media entre una y otra
piedra, quedando ambas colocadas en la esquina de la pared principal que
mira a los vientos sur y oeste.
En dicha piedra se halla grabada la siguiente inscripción a la cual
cubre una plancha de plomo.
Posteritati, notum fiat anno 1790
Sigue en latín a esta parte del acta, algo más que omitimos, y los
nombres de los cabildantes que la firmaron, que fueron don Juan Ellauri,
Joaquín Chopitea, Juan Francisco García Zúñiga, Ramón Cáceres, Agustín
Ordeñana, Juan Xespe, José Silva y Bernardo Latorre.
La obra, por su magnitud, era, sin duda, muy superior a los recursos con
que se contaba para poder activarla y subvenir a su costo; tan era así,
que se creía no poder darle cima en menos de 40 años, atendida la
escasez de fondos. Hubo que luchar en los primeros años con muchas
dificultades para adelantarla; pero desde el comienzo del presente siglo,
se logró subsanar los obstáculos e imprimir a la obra toda la actividad
que reclamaba, de manera que en cuatro de trabajo contínuo, llevándose
ya gastados sobre doscientos mil pesos, se consiguió terminarla a fines
del año 4, con los donativos del Cabildo, el cual desde 1800 a 1803, le
donó 8.500 pesos para el efecto.
El último donativo que le hizo ($8.000), fue expresamente destinado para
el altar provisional de la capilla mayor; enlosado de todo el pavimento,
que se hizo de baldosa fabricada en el país; revoque total interior y
baranda de hierro en el coro y presbiterio, a fin de que pudiera
cerebrarse lo más breve posible, y las escalinatas de piedra en el
frente de la Matriz que conducían al atrio.
Se trabajaba a la vez en la construcción de la capilla del Santísimo,
cuyo terreno había donado para ese fin la señora de don José Díaz (a)
Pepillo, con la idea de facilitar la salida del viático por los fondos
de la iglesia, al oeste.
Se proveyó a la sacristía de todo lo necesario para el servicio, incluso
la mesa destinada al cáliz y vinajeras, etc, que era de jacarandá, pie
de cabra, con una hermosa piedra del país, color rosa veteada. Esa mesa,
diremos por incidencia, sirvió desde la consagración de la Matriz hasta
el año 70, en que hallándose muy deteriorada, el sr cura Yerégui tuvo la
buena idea de reemplazarla con otra nueva, de igual forma, pero
conservando en ella la piedra tradicional que la hermosea.
Pronto el nuevo templo, con legítima satisfacción de todos, fue
consagrado el 21 de Octubre de 1804 por el obispo don Benito de Lue y
Riega, en su visita a esta diócesis, asistiendo a la ceremonia el
gobernador Ruiz Huidobro y todas las corporaciones, cerebrando en él la
primera misa el padre guardián de San Francisco, Fray Martín Joaquín
Oliden.
Las torres no estaban concluídas. Faltaba también el revoque exterior de
todo el templo, lo cual se aplazó para más adelante.
Aún después de consagrado y de cerebrarse misa en él, no se trasladó el
Sacramento Eucarístico a la Matriz nueva, reteniéndolo en la vieja el
Cura Parroco hasta el año 1808, por disidencias con el Cabildo, a pesar
de las instancias de éste para que lo trasladase.
Hasta ese año de 1808, las torres de la Matriz, incluso la media naranja,
no estaban concluídas.
A últimos del año, destinó el Cabildo mil pesos para su conclusión. Pero
ese donativo fue condicional, no haciéndose efectivo hasta que hubiese
otro cura, por las cuestiones que antes se habían suscitado entre éste y
el Ayuntamiento. Por fortuna, se llego a un acuerdo razonable, por
interposición del gobernador Elío, y , el año 9, se dio comienzo a la
obra, encomendada al maestro albañil Pepillo.
Tocó la dificultad de la falta absoluta de azulejos para vestir la media
naranja y la torre principal, y como la necesidad es madre de la ciencia
según el dicho vulgar, se recurrió al arbitrio de emplear la loza de
color, de fuentes y platos.
Se tomó, para el efecto, cuanta loza se encontró en las locerías, y aún
se mandó traer algunas partidas de Buenos Aires; y con ese elemento, y
no poco costoso y meritorio trabajo, como debe suponerse, se formó el
enlozado de la cúpula y de la torre izquierda del campanario, en la cual
nuestro Pepillo dejó embutida una primorosa cruz al norte, que no se
percibe a simple vista, pero que puede verse a favor del anteojo. El año
18 se concluyó la torre de la derecha, llamada del reloj, y el pulimento
del frente de la iglesia.
Cuando la toma de esta plaza por los ingleses, el año 7, se convirtió en
asilo de heridos y en depósito de prisiones transitoriamente.
En la época del segundo asedio por los patriotas, hubo que suspender en
ella todos los oficios divinos a causa del bombardeo terrestre,
traslandándose el Santísimo y las imágenes a la casa de don Zacarías
Pereira, en la plazoleta del fuerte de San José, donde se celebraba misa,
que oían los fieles desde la plazoleta, por lo reducido del local del
Oratorio improvisado.
Llega en ese tiempo de España un cuerpo de refuerzos, y se acuartela en
la Matriz. Desde entonces, y hasta la capitulación de la plaza, el año
14, sirvió de cuartel, con el consiguiente destrozo de los altares,
revoques interiores y pavimento, escapándose de correr igual suerte las
barandas del coro y el presbiterio, gracias a ser de fierro, de que no
se podía hacer leña.
Poco a poco fueron reparándose sus ruinas, desde la entrada del Alvear,
de manera que a la de Otorgués, el año 15, ya fue posible celebrarse
bajo sus bóvedas el Te-Deum con que se festejó la entrada de los
orientales subordinados a Artigas.
Montevideo
Antiguo
Isidoro De María
Pila Bautismal de la Iglesia Matriz de Montevideo donde fue bautizado Artigas
el 21 de junio de 1764 a tres días de su nacimiento


Placas en las tumbas de Juan A Lavalleja y Joaquin Suárez


