A ti
Llegaste a mis tinieblas como enviada del cielo.
Tus manos de alabastro curaron mis heridas.
Y oí los cascabeles de olvidados anhelos
que habían enmudecido en medio de mis ruinas...
Me
diste una esperanza poblada de inquietudes.
Un amor vacilante de dudas, de temores...
Una paz temblorosa que muere si me huyes
y resucita en risas cuando a mi encuentro corres.
Y en
el fugaz instante de esa rara alegría
la noche ya no existe, el tiempo se detiene
y se anida en mis ojos la luz de un nuevo día...
Mi corazón cansado es un niño que espera
fervoroso a tus plantas con pasión enfermiza.
No le niegues, amada, tu adorada presencia.
Por lo que tú más quieras, no le quites la vida.
No me pidas amor
Si te quiero, preguntas...
No me pidas amor,
ni busques en mis ojos la respuesta.
Mi corazón de ayer ya no despierta
dormido para siempre en su ostracismo...
Y en la caverna estéril de mi pecho
no puede amar a nadie.
Ni a mí mismo...
No me pidas amor.
Esa es la puerta.
Aléjate de mí.
Lleva tus besos
y el calor de tu piel, miel y azucena,
a quien pueda ofrecerte
no una pena
sino un alma vibrante de deseo.
Un corazón que lata con
el tuyo,
una boca que viva de tu aliento,
unas manos de carne,
no de yeso...
No pidas un amor que ya he perdido
al pisar los umbrales de mi hombría.
Sólo puedo ofrecerte
de la noche más triste
su neblina.
Y tú mereces luz.
Tú necesitas
lo que quise salvar y no he podido.
Una fe siempre joven
sin heridas...
Qué más puedo ofrecerte
que esta alcoba
con huellas de otro amor
que quedó a oscuras
y así mezclar bestial, cobardemente,
tu inútil esperanza y mi locura...
Vete pronto de mí.
Borra este día
y el sabor de los besos mentirosos
que puse entre tus labios anhelantes
en el instante gris que fuiste mía.
No me pidas amor.
Cierra los ojos
e imagíname muerto o muy lejano.
Viviendo solamente de un recuerdo
que ayer me hizo feliz, y hoy me hace daño...
Muchacha, vete ya.
Ponte el tapado.
La tarde está muy fría
y el sol se ha desmayado en el ocaso.
Camina lentamente calle abajo
y encontrarás tal vez en una esquina
la luz de otro querer bueno y honrado.
No me pidas amor.
Nada ha quedado
de la sonrisa fácil que he perdido
del venturoso ayer que me han robado...
No me pidas amor.
Pídeme olvido...
Reflexión
Tus manos sarmentosas se
elevan en la niebla
escuálidas y negras en la súplica muda
recogiendo tan sólo del corazón que pasa
una ausente mirada de indiferencia oscura.
Cuántas veces te he
visto tembloroso en el atrio
de la vieja capilla guarecerte del frío
cuyas finas agujas despiadadas y crueles
mordían implacables en tu cuerpo aterido.
Tus pupilas sin vida
atisbaban la calle
y en un esfuerzo estéril aguzabas tu oído
con la vana esperanza de acercar tu miseria
al gabán insolente de un señor presumido.
Cuántas veces te he
visto recoger tus harapos
que estorbaban el paso de la dama elegante
y otras veces te he visto, como a un Cristo, golpeado
y a la calle empujado por un sucio gendarme.
Y en la oscura calleja
del dolor y del hambre
yo te he visto encorvado arrastrando tus trapos
masticando el recuerdo de un amor o de un hijo
en los pliegues vetustos de un pasado lejano.
Y a la puerta inflexible
que cerró el egoísmo
del estómago lleno y del cómodo sueño
al mandato del hambre, el cansancio y el frío
yo te he visto golpear con un tímido empeño
e internarte más tarde
como un tétrico duende
en el negro bostezo que anochece sombrío
y adornar tu cabeza de apóstol olvidado
con mil perlas fugaces: el llanto del rocío.
Quién supiera tu
historia, tu niñez, tus anhelos
y el pesar inaudito que ha empujado tus pasos
a este triste destino de fantasma doliente
a este negro sendero que apresura tu ocaso.
Qué consuelo egoísta me
has brindado al mirarte;
comparando mis ropas y mis años tan nuevos
a tus pobres harapos, a tus tristes achaques
tu espantosa miseria me ha sanado por dentro.
Me he quejado iracundo
insultando a los cielos
lamentando en blasfemias mis problemas pequeños
y tus trapos gritaron a mi ciega experiencia
que no me falta nada para vivir contento.
Gracias, pues, buen
amigo, acepta este dinero,
que a cambio de las sucias monedas que te dejo
como un valioso escudo me llevo tu recuerdo...

