Joaquín Lenzina  "Ansina"

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Al rescate de la memoria de Joaquín Lencina (Ansina), por Elaine Castro

 
Estoy segura que si hacemos una encuesta callejera y preguntamos por ANSINA, tanto adultos como niños nos responderian que ANSINA ERA UN NEGRO QUE LE CEBABA MATE A ARTIGAS, muchas veces no puedo evitar preocuparme y en este caso ocuparme de mi pequeño aporte al rescate de nuestra cultura, porque ademas de etnocidio y genocidio me atrevo hablar de culturicidio.

Material extraído del libro" Leyendas, mitos y tradiciones de la Banda Oriental" del historiador Gonzalo Abella Betum San Ediciones:

"Duro destino el de los afroamericanos. Si Joaquín Lencina no hubiera nacido negro nadie hubiera puesto en duda la veracidad de las recopilaciones que Hammerly Dupuy hiciera de sus poemas, y éste mismo gozaría de mayor celebridad en la historiografía uruguaya por devolvernos una fuente esencial para saber más de nosotros mismos.
Ansina aprendió a leer y escribir en lenguas europeas castizas, pero hablaba el lenguaje gaucho de su época y de su pago. Quiero decir que no escribía como hablaba. Términos guaraníes, charrúas, bozales, portugueses, españoles arcaicos y hasta quíchuas eran comunes en el habla rural de la Banda Oriental y el Entre Ríos, en diferente proporción en cada paraje. El mundo gaucho era a la vez fusión y coexistencia fraterna de las culturas discriminadas.
Al nacer el siglo XIX Ansina cumple 40 años. Por entonces, debilitados los lazos regulares de estas tierras con España por las guerras en el Viejo Continente, las instituciones coloniales creadas por la Reforma Borbónica viven una puja interna entre tres fuerzas que pugnan por su control, con desiguales posibilidades: los monárquicos, los independentistas urbanos y los partidarios de la participación de las culturas discriminadas y oprimidas en la administración de sus propios asuntos. Entre los exponentes de esta tercera corriente están algunos sacerdotes radicales, Artigas y Ansina.
La historia de estos años es un juego de ajedrez en que las tres cosmovisiones enfrentadas procuran mover sus piezas en el tablero americano ocupando posiciones de poder; todavía no se plantea el jaque al Rey, sino que cada cual prepara sus fuerzas. Las cabezas jerárquicas (obispos, virreyes y gobernadores) son en general leales al Rey; allí no hay lucha. En cambio el forcejeo silencioso de realistas con logias urbanas y culturas discriminadas se da en otros espacios de poder que también son claves: el bajo clero, los cabildos locales y la oficialidad con mando directo de tropa.
¿Era Ansina un líder religioso y espiritual? En su poesía nos da algunas claves para reflexionar. "Sólo Artigas sabe hacia dónde voy", afirma, lo cual desmiente claramente el papel explícito de edecán-sirviente que le atribuye la Historia Oficial.
En su último poema conocido se proclama cristiano y dice que muy pocos siguen el verdadero mensaje de Jesús, y por otra parte añade que él "nuca adoró dioses sentados". Esta curiosa afirmación me llevó a consultar a expertos en animismo africano. Se me explicó que los dioses imperiales mucha veces aparecen sentados en tronos, mientras que los espíritus que están cerca del pueblo caminan junto a él.
Al excluir a los "dioses sentados" entre los objetos de su culto, Ansina no renuncia a todo el animismo africano, más bien toma partido dentro de él por los espíritus solidarios y caminantes. Esta hipótesis que sostengo se adecua además al contexto en que Ansina vivió, especialmente a la cosmovisión de resistencia de los afrobrasileños entre los que se terminó de formar su fuerte personalidad.
Tampoco es de extrañar la cautela de Ansina en sus versos escritos en el Paraguay; allí es parte de un grupo exiliado, sobreviviente de un proyecto federalista y multicultural que no coincide en sus métodos con el proyecto del gobierno paraguayo. Por ello, los poemas de sus últimas décadas son sobre todo de evocación, para guardar la memoria de aquella gesta hoy derrotada pero en espera de tiempos mejores que -él fue convenciéndose de ello- ya no vería con sus ojos debilitados ni viviría para esperarlos.
No sería de extrañar tampoco que el conjunto de los orientales artiguistas le hayan encomendado a Ansina esa misión testimonial. Eso explicaría el celo de Ledesma por guardar los manuscritos en los años terribles de la Triple Alianza y quizás vinculen a Ansina con Lorenzo Ponchito y sus misteriosos papeles guardados en un buche de ñandú.

En cuanto a mí, he tratado de relacionar varias líneas de investigación para hacer un aporte a este fascinante patrimonio documental. Básicamente ellas han sido:

- La revisión crítica de los textos de Ansina en la única versión que disponemos, o sea la del propio Hammerly.
- El aporte que me ha brindado el Movimiento Unificado Negro do Brasil gracias a los contactos de este movimiento con Mundo Afro especialmente durante 1997; así pude reconstruir la vida y las conspiraciones afroamericanas en los ingenios paulistas donde Ansina vivió.
- Los vínculos continentales y extracontinentales del movimiento de resistencia afroamericano, desde Palmares y Cartagena de Indias hasta el siglo XIX.
- Las características de la Banda Oriental rural en los siglos XVIII y XIX, tierra difícil de controlar, refugio de perseguidos, pradera de contrabando y frontera oceánica, es decir, privilegiado lugar de circulación informativa.
- El ajedrez político que empiezan a jugar las culturas discriminadas que pasan de la fase de cooperación ingenua con el invasor a la fase de resistencia armada y luego a una combinación de métodos de lucha, integrando sociedades de resistencia, multiplicando contactos y redes solidarias, enmascarando sus ritos y procurando que su gente o sus aliados ocupen puestos claves en cabildos locales, fuerzas armadas y aún en el bajo clero.
- Los aportes de Marina Machado en San Gregorio de Polanco y los de antiguos vecinos de la ciudad de Artigas sobre la historia de los Lencina, vinculados a San Eugenio del Cuareim, así como los descendientes de Manuel Antonio Ledesma en el Paraguay, especialmente en Guarambaré y San Lorenzo.
- La memoria de los ancianos de Camba Cuá en el Paraguay.
A partir de todo ello reconstruyamos hasta donde hoy se puede la vida de Joaquín Lencina."

Memorias en verso
de Don Joaquín Lenzina “Ansina” (1760-1860)

ASÍ LO CONOCÍ A ARTIGAS...

Cuando chico me dijeron:
Eres hijo de Lenzina.
A tu padre lo vendieron
¡Así que a la cocina!

¿Quién fue mi madre? -pregunté-
Murió cuando te trajeron.
Vino del África, sin fe.
Así me contestaron.

De mi infancia sólo recuerdo
Del carnaval las comparsas,
Con los tambores de cuero,
Y los morenos entusiastas.

¡Me decían qué era negro!
¡Nunca quise ser overo!
Me gusta ser verdadero:
Asco tengo del negrero.

Cuando joven siempre hice
De mandadero y aguatero.
No siempre hice lo que quise,
Hasta que fui guitarrero.

Cuando iba a la Aguada
Escuchaba a los marineros.
Y así me embarqué por nada,
En un navío de masteleros.

¡Cuánto sufrí en el mar!
Siempre me preguntaba:
¿Cómo podría retornar?
¡Escapé porque nadaba!

De las costas del Brasil
Pasé a las Misiones,
Vendido como marfil,
¡Qué miserias! ¡qué traiciones!

Llegó el bendito día
Cuando uno de ojos celestes,
Mirándome, decía:
¡Pagaré lo que me cuestes!

¡Con tal que me sigas
Te haré libre de verdad!
-Así me dijo Artigas-:
¡Amarás la libertad!


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Enlaces Uruguayos agradece la colaboración incondicional de Víctor Hugo Fraygola en la elaboración de ésta página

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