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El Palacio Pittamiglio

LEYENDA Y MISTERIO DEL CASTILLO
PITTAMIGLIO
Por. Ana María Sammarco
Humberto Pittamiglio nació en Italia en 1886.En su
primera juventud se trasladó a Montevideo con sus padres donde estudió y se
recibió de arquitecto en la Universidad de la República.
El Presidente Feliciano Viera lo designó Ministro de Obras Públicas, cargo que
desempeñó desde 1915 hasta 1919.
La leyenda cuenta que era un ser oculto. Fanático de la ópera,
empresarialmente amasó una gran fortuna que supo legar a empleados e
instituciones públicas y religiosas.
Al momento de su muerte poseía 400 propiedades.
Fiel a sus creencias dos de ellas las legó al propio Humberto Pittamiglio,
quien las recibiría, se presume, cuando terminara su transformación, aunque no
de la muerte, porque esta no existe para la alquimia.
De pocos amigos, solía pasearse por las inmediaciones de su castillo en horas
de la noche, bajo una gran capa roja.
Se cree, así mismo que su laboratorio de alquimia funcionaba en el subsuelo
del castillo, el que todavía no se ha encontrado
Murió en el mes de setiembre de 1966, soltero y sin hijos, En el castillo
vivió solo con sus sirvientes. Como arquitecto realizó algunos proyectos como
la casa de la esquina de Dr, Francisco Vidal y 21 de setiembre; la
construcción donde funciona la heladería Cantegril, en 21 de setiembre; el
edificio San Felipe y Santiago, detrás de la Universidad; la curiosa
“Torrecita” de poco más de tres metros de frente, en Br, Artigas, entre Br.
España y 21 de setiembre y también el castillo próximo al balneario Las
Flores en Maldonado.
Tuvo un inconfundible estilo. El cual se inmortalizó entre los uruguayos y en
especial de los montevideanos con su famoso castillo de la Rambla Gandhi 608.
El mismo de la Victoria de Samotracia, contada sobre una barca, destacándose
sobre la curva de Trouville.
Ella anuncia la presencia del conocido castillo que a los largo de los años
profundizó la melancolía y y también agudizó el entusiasmo y la curiosidad.
El Castillo lo legó a su muerte a un barón francés, el marido de la cantante
estadounidense Josephine Baker. Como el destinatario no lo aceptó, el inmueble
pasó a manos de la Intendencia..
Como anécdota curiosa diremos que Pittamiglio ofrece su castillo al Papa Pío
XII durante la guerra para que se refugiara de las bombas en alguna de sus
infinitas plantas.
El Papa como es de suponer no respondió a esta carta.
En su artículo de El País Cultural (Nro. 392) ,
bajo el título “testamento y Tumba del Alquimista, Helena Corbellini nos
aclara algunos conceptos sobre el tema que tratamos en esta nota:
“EL CASTILLO DE LA DEGOLLADA” es llamado así por los vecinos, ya que exhibe
una Victoria Alada como gigantesco mascarón de proa sobre la Rambla Wilson.
Cumpliendo finalmente la voluntad de su antiguo propietario, la Intendencia
de Montevideo lo dio en concesión a la Asociación de Promotores Privados de
la Construcción, bajo la condición de convertirlo en museo y centro cultural.
En torno a la extravagante mansión se ha creado una biografía imaginaria,
alimentada por los esoteristas. Tras arduas indagaciones se descubre la
verdadera historia de Humberto Pittamiglio.
En su curioso testamento dejó cuantiosos bienes, a
veces bajo extrañas condiciones. Por eso se ha hablado de su riqueza sin
fundamento, de su escandalosa homosexualidad, de la rara atracción al vacío
que ejercen las torres del castillo. Incluso un moderno esoterista aseguró
estar documentado sobre el posible retorno a la vida de aquel ingeniero, rico,
alquimista y masón.
En los últimos tiempos, el convenio celebrado entre la Intendencia y la
Asociación de Promotores Privados de la Construcción para el reciclaje y
conversión del castillo Pittamiglio en museo atrajo la atención de la prensa.
Coinciden en afirmar que Pittamiglio era un arquitecto italiano, que adquirió
los terrenos de Punta Trouville en 1911 y poco después inició la edificación
del castillo. Esta construcción lo revela como un mago dedicado a la alquimia,
arte que le habría aportado una cuantiosa fortuna para la cual, sin embargo,
aparentemente no tuvo herederos. Así fue que al morir, en 1966, legó su gran
obra a un poeta francés, amante suyo. Como éste declinase el bien, el castillo
pasó a manos de la Intendencia. Sin embargo, quedó abandonado a los
depredadores, a los intrusos y a la inclemencia de los años, exceptuando el
uso parcial que le diera Cristina Lagomarsino como Centro para las Artes,
realizando refacciones en parte del edificio. El actual virus esoterista
encontró en el castillo una fuente de historias maravillosas. Un artículo
periodístico concluye con el pronóstico de un “psicoalquimista”: Floriano dice
que Pittamiglio- como muchos alquimistas- no murió sino que desapareció.
Investigó los testigos que figuran en el acta de defunción y ninguno existe.
No hubo avisos fúnebres en los diarios de la época y además el testamento
especifica que los apartamentos que él dejaba a uno de sus empleados en
usufructo volverían a manos de Humberto Pittamiglio.
Piedra Filosofal- se dice que Pittamiglio era
alquimista. La alquimia es ”arte de transformar los metales impuros en oro”.
En el laboratorio medieval, entre retortas y crisoles, se preparaban y se
combinaban azufre, mercurio y otras sustancias químicas para obtener la Piedra
Filosofal, elemento que tiene la propiedad de lograr el oro hermético. Pero el
ocultismo asegura que la trasmutación no podrá ser sólo física, sino mental y
aún espiritual. El alquimista debía trabajar sobre su propia interioridad por
la perfección de su alma.
De lo contrario, la labor era infructuosa o equivocada. Porque las propiedades
de la Piedra comienzan por los metales, pero continúan por dar salud a los
enfermos, juventud a los viejos y un cuerpo inmortal…………..”
PARTE 2
El castillo Pittamiglio provoca diversas sensaciones
que van desde la melancolía hasta el entusiasmo y la curiosidad.
Con su proa hacia el mar encierra un misterio intocado a través de los siglos..
Se dice que su dueño, extranjero, alquimista y masón tuvo extrañas amistades
y celebraba en su castillo fiestas orgiásticas que duraban varios días.
Podemos afirmar con propiedad que penetrar en él es sumergirse en cantidad de
símbolos, donde se lee todo un tratado de creencias en las que se expresa la
búsqueda interior de su dueño.
En el frente predomina el ladrillo, de fuerte color rojo, en cambio hacia la
entrada que da hacia la Rambla se aprecia el uso del cemento y la piedra.
En su interior podemos también apreciar otros colores como el enchapado negro
de la madera de la habitación central, así como también se puede observar
otra de las habitaciones toda pintada de verde. Entre los otros colores que
se aprecian aparece el oro cuya exteriorización culmina con la escultura de
un niño dorado quien mirando hacia el este sentado sobre un animal sobre uno
de los tejados más altos.
Entre las numerosas torres del castillo hay dos mayores. La primera es la
torre central, semejante a un campanario, que expone en lo alto un escudo con
un rostro demoníaco. Se dice que era el de Humberto Pittamiglio. La figura
emana poder y fiereza, tal vez esa era la imagen que su dueño quería proyectar.
La torre central es cuadrada y cuenta con dos vías de acceso: una escalera de
madera que parte de la planta baja y otra exterior. Este ingreso presenta otro
enigma: se alcanza trepando azoteas, y hay que atravesar dos boquetes
rectangulares muy estrechos, semejantes a las entradas de las pirámides. Es
difícil conjeturar el uso que tendrían. Ahora, el olor ácido del excremento
de las palomas y sus curruqueos, es lo único que se siente.. La otra torre
importante, es la circular que se ubica junto al mascarón de proa de la Rambla.
Después de cruzar la pérgola construida sobre los techos, comienza la escalera,
que es exterior y de cemento. Los esoteristas afirman que conduce a un centro
de energía cósmica . Todos los que se sienten tentados por subir, experimentan
allí una emoción profunda, pero coinciden en que es peligroso el descenso, ya
que la escalera no tiene baranda y la persona se asoma al vacío.
Escaleras de ascenso y de descenso, ambas revisten significación. Las unas
simbolizan progresiva elevación y las otras representan el mundo infernal.
Oscuros estremecimientos envuelven a los visitantes, que no encuentran una
explicación convincente para las paredes embaldosadas que emergen de un
pasillo, delimitando un metro de diámetro, ni para los quince ganchos
empotrados en el techo de otra estancia. El pasillo desemboca en un pentágono
trunco con banderolas y el piso como un damero..
Las salas de la planta deslumbran de un modo siniestro por un lujo ostentoso y
extravagante. Habitaciones octogonales en la parte delantera, y circulares en
la posterior.
La rica ornamentación desplegada en las paredes enchapadas de madera como en
los muros de los patios, no está librada al azar. Son una sintaxis simbólica
de la actividad cósmica. Se plantea la idea de que el castillo es un centro
de poder, construido con pasadizos y aberturas semejantes a las pirámides,
capaz de captar la energía exterior.
Se conjetura también que Pittamiglio debía tener una ceremonia de vida y que
trabajó en grupo, ya que la profusión heráldica no corresponde a una sola
persona.
Por debajo de la galería de vitrales del oeste, se llega a un patio diferente:
una especie de altar sin ídolo y en el muro reaparecen las iniciales HP unidas
en tres lazos verticales, con uno horizontal y semicircular para la “P”.
También hay dos símbolos de estirpe masónica gobernando el lugar: una cruz con
tres puntos por encima y ua regla de cálculo dentro de un escudo. Los jardines
cerrados representan la naturaleza sometida, seleccionada y cercada. En el
jardín trasero se lee una inscripción en letras romanas JULIA. Se dice que es
el nombre de la madre de Humberto, pero los esoteristas especulan sobre el
simbolismo de las letras, una de las técnicas favoritas de los cabalistas.
Entre el tupido bosque de símbolos que la construcción ofrece, hay un
inocultable carácter marino: el galeón de la mayólica a la entrada y el
mascaron de proa de la Rambla lo convirtieron en un navegante.
Escaleras sin destino, puertas y ventanas ciegas, un laberinto orquestado por
corredores de engañosa trama, vitrales y frisos de Dianas cazadoras, blasones
y más blasones sobre los que galopan leones y duermen gaviotas, estatuas y
bustos que han crecido con la complicidad de los ladrillos y en la puerta
sobre Rambla Gandhi.
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