Cabildo abierto de 1808
Cabildo
abierto 21 de
septiembre de 1808,
oleo de Pedro Alonso
El pedido de cabildo
abierto expresado por la
muchedumbre el día 20
fue aceptado por el
cabildo y por el
gobernador para
efectuarse al día
siguiente, 21 de
septiembre de 1808.
Por miedo a la reacción
popular, los cabildantes
permitieron que 19
personas fueran elegidas
por la muchedumbre para
participar en el cabildo
abierto. Por aclamación
fueron elegidos:
(...) recayó la elección
en los señores D. Juan
Francisco García de
Zúñiga, coronel
comandante del
Regimiento de
Voluntarios de
Infantería de esta
Plaza, Dr. D. José
Manuel Pérez, clérigo
Presbítero, Reverendo P.
Guardian del Convento de
San Francisco, Fray
Francisco Xavier
Carvallo, D. Mateo
Magariños, D. Joaquín de
Chopitea, D. Manuel
Diago, D. Ildefonso
García, D. Jaime Illa,
D. Cristoval Salvañach,
D. José Antonio
Zubillaga, D. Mateo
Gallego, D. José
Cardoso, D. Antonio
Pereyra, D. Antonio de
San Vicente, D. Rafael
Fernandez, D. Juan
Ignacio Martínez, D.
Miguel Antonio Vilardebó,
D. Juan Manuel de la
Serna y D. Miguel Costa
y Tejedor, todos Vecinos
antiguos de esta Ciudad,
notoriamente acaudalados,
del mejor crédito y
concepto, de los quales,
la mayor parte han
obtenido en esta Ciudad
cargos de República,
estando los mas de ellos
actualmente empleados en
calidad de oficiales de
los Regimientos de
Milicias de Artillería,
Caballería é Infantería
de esta Plaza
La asamblea de 55
personas, estaba
presidida por Elío e
integrada además de los
representantes del
pueblo, por los
capitulares, jefes
militares, la iglesia y
funcionarios.[2]
(...) siendo las diez de
la mañana, concurrió a
las puertas de las casas
capitulares, un inmenso
pueblo que se difundía
por toda la extensión de
la Plaza Mayor,
repitiendo los clamores
de la noche anterior,
insistiendo en sus
pretensiones y en la
celebración del Cabildo
Abierto que se les había
otorgado.
Acta capitular del 21 de
septiembre de 1808
Para evitar saltar el
orden jerárquico
existente, el cabildo
abierto usó la fórmula "obedecer
pero no cumplir" las
órdenes de Liniers,
contemplada en el
Derecho de Indias,
amparándose en que no
podía cumplir la orden
de relevo de Elío al
haber salido de la
ciudad Michelena. Entre
los más decididos
expositores de ese
pensamiento se hallaba
Pérez Castellanos.
Cuando el virrey Liniers
ordenó la disolución de
la Junta, los
montevideanos
sostuvieron la misma
fórmula argumentando que
el gobernador de
Montevideo era de
nombramiento real.[3]
Se decidió que la
asamblea quedara
constituida en Junta de
Gobierno,[4] a semejanza
de las creadas en España
para gobernar a nombre
de Fernando VII. Fueron
nombrados asesores de la
Junta los doctores
Eugenio de Elías y Lucas
José Obes y como
secretario a Pedro
Feliciano Cavia.
La Junta se reservó el
derecho a modificar el
número de sus miembros y
las resoluciones tomadas
para su erección y
ordenó a los jefes
militares la obligación
de consultarla para toda
orden del virrey.
La Junta de gobierno
tendrá potestades para
corregir, ampliar ó
modificar el número de
individuos que la
componen, como también
cualquier otra
deliberación relativa a
su erección por
consiguiente se elijen
asesores de la junta:
los doctores José Elias
y Lucas José Obes y por
secretario al escribano
del Cabildo Sáinz de
Cavia.
Acta del cabildo abierto
La Junta de Montevideo
Las juntas tenían el
sentido que sus
componentes les dieran:
en España las hubo que
se destacaron por su
empuje revolucionario,
pero otras intentaron
frenar la participación
popular. Fue por eso que
los españoles
respondieron de distinta
manera a las juntas que
se fueron conformando
desde 1808 en territorio
americano, algunas
fueron duramente
reprimidas por los
absolutistas, mientras
que otras, como la de
Montevideo, fue aceptada
por la Junta de Sevilla.
La explicación es que la
de Montevideo estaba
formada en su totalidad
por españoles, dóciles a
las directivas de la
metrópoli.
En la tarde del 21 la
Junta se dirigió al
fuerte para recibir los
homenajes y acatamientos
de los militares. El 22
de septiembre se instaló
en el Fuerte la Junta
Gubernativa de
Montevideo presidida por
el gobernador Elío y
reducida ese día en
número. Fueron elegidos
como vocales:[5]
Miembros del cabildo:
Pascual José Parodi (alcalde
de 1° voto)
Pedro Francisco de Berro
(alcalde de 2° voto)
Manuel Ortega (regidor)
José Manuel de Ortega (regidor)
Manuel Vicente Gutiérrez
(fiel ejecutor)
Juan Domingo de las
Carreras (regidor)
Juan José Seco (regidor)
Miembros del ejército:
Prudencio Murguiondo
Juan Balbín González
Vallejo
Diego Ponce de León
Miembros de la Iglesia:
Francisco Javier
Carvallo
José Manuel Pérez
Castellano
Administrador de Aduanas:
José Prego de Oliver
Comerciantes y
propietarios:
Miguel Antonio Vilardebó
Francisco Antonio Suárez
Pedro José de Errazquin
Joaquín de Chopitea
Mateo Gallego
Fueron confirmados:
Presidente:
Francisco Javier de Elío
Asesores:
José Eugenio de Elías
Lucas José Obes
Secretario:
Pedro Feliciano Cavia
El Fiel Ejecutor del
Cabildo de Montevideo,
Manuel Gutiérrez, fue el
encargado de llevar a
Buenos Aires las
resoluciones del Cabildo
Abierto. Mientras que a
España fue enviado José
Raimundo Guerra, quien
embarcó el 30 de
septiembre en el
bergantín Fiel Amigo.[6]
Entre los que se
opusieron a la
instalación de la Junta
se hallaban: el
comandante de marina
Joaquín Ruiz Huidobro,
el cura de la iglesia
matriz, Juan José Ortiz,
el coronel Juan
Francisco García y su
hijo Tomás García de
Zúñiga, síndico
procurador del Cabildo
de Montevideo, quien
abandonó la ciudad
negándose a reconocer a
la Junta. Los oficiales
de marina también
opusieron resistencia, a
causa de su dependencia
militar directa del
virrey, lo mismo que el
brigadier Lecocq.
El 26 de septiembre la
Real Audiencia de Buenos
Aires desaprobó la
creación de la Junta y
pidió a Elío que la
disolviera y destruyera
las actas de su creación,
remitiendo a Buenos
Aires a quienes se
negaran. Ante la
decisión de la Audiencia,
la reacción del virrey
fue cortar toda
comunicación con
Montevideo y detener a
los oficiales basados en
esa ciudad que se
hallaban en Buenos
Aires. También intentó
evitar la partida del
diputado Guerra, elegido
por esa ciudad para la
Junta de Sevilla, para
lo cual situó tres
barcos en vigilancia,
pero éstos fueron
burlados el 30 de
septiembre. Como
consecuencia de la
ruptura, Montevideo
estuvo de hecho en una
situación de libre
comercio.[7] Liniers
envió a Sevilla a su
ayudante Hilarión de la
Quintana con pliegos
para la Junta Central
sobre lo acontecido en
Montevideo.
El 5 de octubre de 1808
el Cabildo de Montevideo
dirigió un extenso
oficio al Cabildo de
Buenos Aires instándolo
a deponer al virrey:
El pueblo de Montevideo,
que dio poco tiempo há
tantos asunto á la
historia de la América,
vuelve á ser hoy toda la
expectación de este gran
continente. Él es quien
ha levantado el grito
contra la corrupción del
gobierno..., él quien
pide la separación de un
virey extranjero por
sospechoso de infidencia...
El mundo lo sabe, y
nosotros estamos en el
caso de convencerlo.
Pero por desgracia
Montevideo no es mas que
un pueblo pequeño. Su
rival es el arbitro del
poder y la fuerza.
Tenemos justicia, pero ¡qué
importa si nos falta el
valimiento! Nosotros
necesitamos de un apoyo,
de un protector poderoso,
y este no puede ser otro
que Vuestra Excelencia.
Si Vuestra Excelencia
posee un valor heroico,
le sobra constancia, y
ha probado bien que no
le falta entereza para
arrostrarlo todo, cuando
se trata de salvar la
patria, y servir al
soberano. Suya es la
causa que defendemos, no
de Montevideo: suyo es
el pueblo que
representamos, suya la
provincia por cuya
felicidad entabló este
cabildo sus primeros
empeños. ¿No son estos
títulos mas que
poderosos para interesar
á Vuestra Excelencia en
nuestra defensa?
Primera parte del oficio
del 5 de octubre de 1808
Al mismo tiempo que el
cabildo, la Junta se
dirigió a la Audiencia
el 8 de octubre
renovando la fórmula de
obedecer pero no cumplir.
El 15 de octubre la
Audiencia reafirmó su
orden de disolución de
la Junta intimandola, lo
mismo que al Cabildo y
al gobernador.
En conocimiento de la
actuación de Pérez
Castellanos, el virrey
pidió al obispo que
tomara medidas
disciplinarias contra el
sacerdote. El 26 de
noviembre de 1808 el
obispo de Buenos Aires
le ordenó no asistir a
la Junta y dirigirse a
Buenos Aires, pero el
presbítero se excusó de
cumplir.
En Buenos Aires, tanto
Martín de Álzaga, jefe
del Cabildo, como
Mariano Moreno, eran
partidarios del sistema
de juntas, e incluso
Álzaga mantuvo una muy
fluida relación con el
gobernador de Montevideo
y cabeza de la Junta. A
ambos los unía su
enemistad con el virrey
Liniers. Moreno sostenía
la necesidad de que los
criollos tuvieran una
participación destacada
en las juntas, a
diferencia de Álzaga,
que pensaba en una junta
formada exclusivamente
por españoles, al igual
que la de Montevideo. El
1 de enero de 1809 se
produjo en Buenos Aires
la Asonada de Álzaga,
sofocada por el virrey
Liniers, siendo los
principales complotados
desterrados a Carmen de
Patagones, de donde
fueron rescatados por un
barco enviado por Elío
desde Montevideo.
El nuevo organismo tuvo
un carácter más bien
conservador. En 1809 se
le encomendó a Bernardo
de Velasco, militar y
gobernador de la
Intendencia del
Paraguay, una expedición
contra la Junta de
Montevideo, pero ésta no
llegó a concretarse. La
Junta de Sevilla había
nombrado a un nuevo
virrey, Baltasar Hidalgo
de Cisneros, quien el 30
de junio de 1809 llegó a
Montevideo y disolvió la
Junta obedeciendo
precisas instrucciones
que traía de España,
aunque la halagó.[8] Fue
la primera Junta que se
formó en Hispanoamérica.
Si bien la misma carecía
de todo espíritu
revolucionario, no
faltaría mucho para que
nuevas Juntas surgieran
y conmocionaran todo el
andamiaje del
colonialismo español.