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Seguidores de Enlaces Uruguayos, hoy le traemos, otro tema relacionado a las costumbres pasadas, de nuestro Uruguay de antaño, de la mano de Rómulo Rossi, con su “Recuerdos y Crónicas de Antaño”- Montevideo 1922 y el cronista salteño Arturo Aníbal Gagliardi, con su “Crónicas de Antaño”.


VELORIOS Y LUTOS


“Las paredes y el piso de las salas mortuorias eran cubiertas totalmente por zaraza negra, y en la puerta del zaguán, atado a la aldaba o llamador, sustituía al lacayo de hoy, desde la época del asesinato de Flores, un gran moña de crespón o de zaraza, según la posición financiera de la familia

En los velorios la concurrencia era obsequiada con mates amargos y dulces, que en gran número, se encargaban de hacer pasar de mano en mano, negras y chinas, sirvientas de la casa y de las vecinas.

Los lutos, tanto en hombres como en mujeres, eran exageradamente largos y pesados. Aquellas, con mantos y crespones, echados a la cara; y éstos con fumos así llamadas las anchas cintas que se colocaban en las copas de los sombreros y pecheras, cuando no camisas de ese color.

Terminaba la inhumación del cadáver, los deudos colocaban en fila a la puerta de entrada del cementerio, para que, cada uno de los concurrentes al sepelio, al estrecharle las manos, volviesen a repetirle una vez más: le acompaño en el sentimiento.

En algunos casos, después del sepelio, los asistentes eran invitados a ir a un almacén próximo al cementerio, para ofrecerles un refrigerio.

Los velorios de criaturas de poco tiempo, eran llamados velorios de angelitos; y ellos daban lugar a bailes, colocándose el féretro, - según las dimensiones de la sala – unas veces en el centro de la misma y otras en un rincón.

Otro informante, Visitación Perna, criollo de pura cepa que perteneció al Cuerpo de Serenos…, nos ha dicho que a veces era tanta las ganas de bailar que tenía la gente, que el angelito se “emprestaba ” para proseguir el jolgorio en otra casa”
Rómulo Rossi



Velorio de Angelito
A principios del siglo XX, el llamado Velorio de Angelito y Velorio de Promesa, ya habían prácticamente desaparecido de Salto, era muy raro de veer y por lo general sucedía en nuestros campos y en los alrededores de la ciudad, entre la gente de escaso recursos económicos y de muy baja cultura. Ambas costumbres daban motivos para fiestas y bailes que duraban días. Don Visitación Perna de Montevideo, no estaba para nada equivocado en su apreciación de prestar el angelito, para continuar el jolgorio en otras casas o familias, costumbre ésta de antaño, que no solo se daba en Montevideo, si no también en las ciudades y pueblos del interior del Uruguay. Arturo Aníbal Gagliardi, cronista salteño, da a conocer uno de estos velorios de angelitos que duró cuatro días, con un cuerpecito ya en total estado de descomposición y el relato dice, así:

“…El hecho ocurrió en La Amarilla, barriada pobrísima ubicada al Nord Este de donde esta ubicado hoy el Obelisco a Rodó. La Amarilla era uno de los tantos suburbios que se levantaban rodeando a la ciudad, o cerca de los Corrales de Abasto donde la gente vivía recogiendo achuras para mantenerse, o cercano a los lugares donde se quemaba la basura de la ciudad, buscando sobras de comidas, restos de harapos, latas, etc., etc. Eran verdaderos parías que nacían en la peor calamidad y así vivían y morían. La Higiene Pública no se ocupaba de ellos, y en las prácticas diarias de la mendicidad invadían la ciudad. En ranchos de latas, cartones, maderas, ramas y pajas vivían hacinados cubiertos de llagas, de sarna y otras enfermedades de la piel, llenos de hijos con costras de suciedad, acompañados por perros y gatos que en las noches de frío servían para calentar sus cuerpos.

Volviendo al velorio, digamos que una joven de 16 años había tenido familia, pero su hijo había nacido muerto. Por eso no lo había inscripto, dijo, y por no tener certificado de nacimiento, no se le autorizaba la sepultura. Mientras tanto se cumplía el Velorio. Rústico cajoncito cubierto de flores silvestres con dos velas sujetas a sendas botellas y una cintita celeste cayendo a ambos lados del cajón. Hubo baile y acordeón. La espera seguía, y como no se lo podía sepultar aún por razones burocráticas, una vecina le pidió prestado el angelito a la infeliz madre y siguió la fiesta en su casa. Luego otra se lo pidió a ésta y otra a ésta última, de donde resultó que con el mismo angelito se hicieron cuatro velorios con gran algazara de la barriada que despedía así al angelito que iba derecho al cielo sin pecados y llevando los pedidos de los vecinos, anudados en las cintas celestes.

Cuando la madre pudo enterrar a su hijo, tuvo que hacer serias indagaciones para descubrir donde se hallaba e impedir que las fiestas siguieran el macabro pretexto."
Arturo Aníbal Gagliardi

Velorio de Promesa
“…En algunos detalles vamos a ser precisos, en otros los vamos a dejar pasar por razones obvias. Ocurrió que este velorio tuvo gran publicidad por un hecho sangriento con el que se le relacionó por haber asistido al mismo algunos implicados. Un respetable vecino de Saucedo fué asesinado un 6 de enero de 1903 en su casa mientras dormía; fué encontrado al día siguiente en su cama, con profundas puñaladas en el cuello, y boca abajo, razón para que el vecindario dijera en voz baja que el asesino sería descubierto por esta razón, precisamente. Las investigaciones policiales comenzaron su tarea y de allí relacionaron la presencia de una u otra persona con un velorio de promesa. Y llegamos a este velorio que ya caía en desuso.

Nos vamos a referir ahora exclusivamente a él: Consistió en lo siguiente: Varias personas de la casa estuvieron gravemente enfermas, y se formuló a Dios una promesa en el sentido de que sí los enfermos salvaban harían...un velorio. Y lo hicieron con invitaciones previas a todo el vecindario. Concurrieron hasta lo que no eran amigos de la familia. Era un acontecimiento muy señalado en el campo y en los pueblitos, ya que permitía divertirse durante largas horas.

En la pieza principal se colocó sobre una mesa la imagen de un santo rodeado de flores y de velas. Desde la tardecita la concurrencia, que fue llegando, se entregó con respeto a la oración, luego a la media noche se hicieron juegos de prendas y finalmente, se abandonó la pieza del - velorio - y se pasó a otra más espaciosa y adornada, para bailar. Un acordeón y una guitarra lanzaron las primeras notas y dió comienzo al baile que se prolongó por casi 24 horas. Así fue cumplida la promesa y todos, sanos y contentos. Algunos terminaron su borrachera en la Comisaría.”

Arturo Aníbal Gagliardi


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