Santos Apóstoles Felipe y Santiago
Patronos de la Ciudad de Montevideo

Las históricas imágenes de San Felipe (con la cruz) y Santiago.
En aquella época ya los hombres
solían vestirse de mujer...

En el acta correspondiente que nos da origen legal, Zabala bautiza a la nueva ciudad con el nombre de "San Felipe de Montevideo". Sería ésta la última población fundada por España en América que llegaría a ser capital de un estado soberano.

Según éste y otros documentos fundacionales, podríamos decir que Montevideo nació adulta -al menos en la intención-, con todos los papeles en regla. Su plano está delineado, está prevista la integración y funcionamiento del Cabildo, sus habitantes están adornados con el ennoblecedor título de "hijosdalgo de solar conocido" y dotados con un predio en la urbe para construir su vivienda, una chácara entre el ejido y los propios, y una suerte de estancia entre éstos y los límites de la jurisdicción montevideana. Y también está fijadas sus festividades anuales en las cuales los novísimos "hijosdalgo" detendrían su ya de por sí parsimonioso ritmo de actividades para celebrar el tiempo nuevo. De entre todas, se destacó desde siempre la fiesta de los patronos San Felipe y Santiago, en aquella época fechada el 1º de mayo; la pequeña calle que bordea el palacio Taranco entre Rincón y la Plaza Zabala, en la Ciudad Vieja, recuerda esta festividad.

Cuando Millán hace un primer relevamiento para la adjudicación de solares en la ciudad, señala la existencia de una pequeña capilla de piedra y tejas, ubicada en las actuales Piedras y Zabala, junto a la cual vivían en 1726 dos sacerdotes jesuitas "que sirven de capellanes a los Indios Tapes que asisten el trabajo de esta población". Éste fue el primer templo que tuvo nuestra ciudad.

En 1730 se procede a la designación de los primeros cabildantes de la ciudad, así como su primer cura párroco Pbro. José Nicolás Barrales. Éste se pone de inmediato en la tarea de construir un templo más espacioso y apropiado en el predio que había sido reservado desde la planificación de Montevideo, y que es el mismo donde ahora se levanta la Catedral. El nuevo templo estuvo pronto recién en 1740. Y consta que hacia mediados de año se trasladan las imágenes de la capilla jesuita; se hace mención expresa en los documentos de las de los Santos Apóstoles S. Felipe y Santiago: pero no eran éstas nuestras actuales imágenes.

En efecto, en el llamado "libro de Fábrica" de la primera parroquia montevideana (que correspondía a un registro de entradas y salidas) se lee en la página 40: «Por dos [imágenes de] bultos que mandé traer de Madrid de los Santos Patronos Felipe y Santiago, ciento ochenta pesos que se entregaron a D. Melchor de Viana por cuyo conducto se trajeron». Firma este registro, del año 1770, el Pbro. Felipe de Ortega, segundo párroco de la Matriz. Éstas son, sí, las actuales imágenes que recibiremos en la próxima fiesta del 3 de mayo.

En 1783 el Pbro. Juan José Ortiz sucede como tercer párroco al Pbro. Ortega, que había fallecido. Desde el primer momento se propone edificar un nuevo templo, ya que el construido por el Pbro. Barrales en 1740 amenazaba derrumbarse. Aprobados los planos, el 20 de noviembre de 1790 se coloca la piedra fundamental. Y finalmente el 21 de octubre de 1804 la nueva Iglesia Matriz, nuestra actual Catedral, es solemnemente consagrada por Mons. Benito de Lué y Riega, último obispo español de Buenos Aires. En el acta correspondiente que el Cabildo montevideano se ocupó de labrar, se mencionan expresamente a "los santos titulares de esta ciudad Felipe y Santiago" en cuyo honor, después del de la Inmaculada Concepción, se realizó la ceremonia.

Los tiempos azarosos y violentos que siguieron a 1804 (piénsese en primer lugar en las invasiones inglesas, luego la revolución de mayo en Buenos Aires y el Grito de Asencio en la Banda Oriental, el sitio de Montevideo por el ejército revolucionario, el Éxodo, la ocupación de Montevideo por parte sucesivamente de los ejércitos porteño, portugués y brasileño, con un breve lapso entre el primero y el segundo de gobierno artiguista,...) fueron propicios para hacer olvidar muchas cosas. Entre ellas, si realmente eran Felipe y Santiago los santos protectores de la Ciudad. Este olvido queda expresado en una carta de fecha 28 de enero de 1825 que el Cabildo le entrega al Nuncio Apostólico Mons. Juan Muzi, que se detuvo durante dos meses en Montevideo. Vale la pena transcribir un párrafo de dicha carta:

« Desde hace un siglo [dicen los cabildantes] son tenidos por verdaderos Patronos de esta Ciudad y su Jurisdicción; y en prueba de ello, no sólo lo la Iglesia Matriz antigua igualmente que la moderna fueron dedicados a los mismos, sino que hasta ahora hace pocos años, continuaban los primitivos regocijos pasados en la víspera y día de la festividad a dichos Santos por medio de numerosas y lucidas cabalgatas a que concurrían con el más puro placer todas las cabezas de familia del distrito secundados de las Compañías de Milicias de a Caballo, que con esta clase de alardes aumentaban el júbilo público a un grado de alegría a difícil de describir. [...]».

Pero los puntillosos gobernantes confesaban no conocer documento alguno en que constara que ellos fueran los patronos oficiales de la Ciudad, así como su duda acerca de si en su origen los festejos se realizaban en honor a Felipe V o a los mismos santos por ser los Patronos. Por todo lo cual solicitaban a Mons. Muzi que los declarara oficial e innegablemente tales.

No tarda el Nuncio en responder la petición. Al día siguiente dirige al Cabildo un rescripto en el que declaraba que

«Siendo constante desde la fundación de esta Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo Capital de la Provincia Cisplatina [¡no olvidemos el mes y el año! Todavía no habían desembarcado los Treinta y Tres...], que los antedichos Santos Apóstoles se han tenido y solemnizado como verdaderos Patronos de esta ciudad y su Jurisdicción; y faltando un Documento auténtico de que conste le haya sido jurado el Patronato, Nos a nombre y con la autoridad del Sumo Pontífice León XII que Dios guarde, accedemos a las piadosas preces del Exmo. Cabildo, y declaramos los antedichos Bienaventurados Apóstoles por Patronos especiales de esta Ciudad y Provincia, a fin de que sea promovido y dilatado su culto Sagrado, para mayor gloria de Dios, y provecho espiritual de tan Religiosos Ciudadanos, y de los demás vecinos. [...]».

La vida sigue adelante. Así, el 7 de diciembre de 1853 se sustituye la pequeña imagen de la Virgen que estaba en el altar mayor, por la que se venera actualmente. Esa pequeña imagen retirada tiene otra historia, que algún día sería interesante contar, pero que hoy basta con saber que hoy preside un altar de la capilla del Santísimo con el nombre de Nuestra Señora de la Fundación. Y en 1868 fueron también sustituidas las imágenes de San Felipe y Santiago por las que aparecen a los flancos de la Inmaculada en el altar mayor. En esta ocasión dice el registro correspondiente del libro de caja de la Catedral: «dos Santos Patronos S. Felipe y Santiago que vendrán de España, entregado a Don Teodoro Reissig: 1.100 pesos». Las tres primitivas imágenes, la de la Inmaculada y la de los Patronos, quedaron depositadas "provisoriamente" en una bóveda a la izquierda del altar.

Ya conocemos cómo son de provisorias las cosas en nuestro Uruguay. En 1938 se organizó una exposición de arte religioso con motivo del 1er. Congreso Eucarístico Nacional. Allí fueron llevadas las imágenes de los Apóstoles, setenta años después de haber sido retiradas del altar mayor, donde lucieron vestidos nuevos; no le cupo la misma suerte a la imagen de la Virgen, porque estaba demasiado deteriorada. Permanecieron en el Museo del Club Católico hasta la década de 1960 cuando Mons. Luis de Santiago, párroco de la Catedral, con el estí mulo del Arzobispo Mons. Barbieri, había ya hecho restaurar la imagen de la Inmaculada, y tenía interés en juntar aquellos tres entrañables testimonios de la fe montevideana.

En los años 1975 y 1976 fueron celebrados los 250 años del "proceso fundacional" de la Ciudad de Montevideo. Las autoridades del Museo del Cabildo desean hacer una exposición especial, para la cual solicitan y obtienen las imágenes de los Apóstoles. Allí permanecen, formando parte de ésa y otras muestras organizadas por dicho Museo, hasta que el próximo 3 de mayo retornarán nuevamente a su hogar -nuestro hogar- en la Iglesia Matriz.

Nuestros "Padrinos", hoy.

No carece de importancia esta historia, brevísimamente expuesta. Podríamos preguntarnos qué sentido tiene para nosotros hoy eso de "santos patronos". En su origen, la palabra "patrono" era prácticamente sinónimo de "protector" (nada que ver con el sentido actual...). El santo a quien se elegía como tal pasaba a tener un vínculo especial con su patrocinado. Quizá la palabra más apropiada de nuestro vocabulario actual para expresar esta relación sea la de "padrino". En efecto, el Santo Patrono es una referencia como modelo, es un vínculo de afecto, es una instancia de protección e intercesión.


      Regresar a Enlaces Uruguayos