www.EnlacesUruguayos.com

2002 ~ 14 años difundiendo nuestras raíces ~ 2016


Imágenes Montevideanas

Tomadas del natural por Pierre Fossey entre 1940 y 1950

Pierre Fossey, un francés que dibujó a Montevideo


 

Pierre Fossey

Por  Mario Barité

PIERRE FOSSEY es un ilustre desconocido en el Uruguay de hoy, pese a que retrató como nadie, con centenares de dibujos y acuarelas, al Montevideo europeizado y alegre de los años 40 y 50. Sus imágenes de esquinas y edificios, de plazas y playas, de balcones, rejas y cornisas, documentaron las modas y los estilos imperantes en la vestimenta de sus habitantes, y el variopinto espectáculo vehicular y callejero de esos años. Son imágenes que consiguen rescatar el final de ese período próspero y despreocupado que el ciudadano común nominó como de "vacas gordas", de un modo más expresivo, convincente y directo que el mejor libro de historia.

Dice el tango que "el olvido todo destruye". Sin embargo las reproducciones de los dibujos montevideanos de Fossey, editadas en los años 50 y 60 por la Municipalidad de Montevideo, engalanan las paredes de miles de casas de familia, oficinas y dependencias. Pero sólo los mayores de 40 años con cierta preocupación por el arte y la historia de la ciudad, los asocian con el nombre y la figura de su autor, verdadero responsable ipso jure de la más completa iconografía de Montevideo. Ese francés errante, que anduvo por los cinco continentes retratando paisajes y gentes como exclusiva vocación de vida, un día se enamoró de una mujer y de su ciudad, y fiel a su espíritu curioso, humilde y tenaz, se dedicó a levantar el mayor legado visual que posee la Muy Fiel y Reconquistadora.

Los homenajes que la ciudad le ha realizado a Fossey han sido mínimos y más bien protocolares. Además de puntuales ceremonias realizadas a los cinco años de su fallecimiento, sólo una calle que lleva su nombre en la tranquila atmósfera del Prado perpetúa su recuerdo. Y si bien el pasado mes de mayo se organizó en los subsuelos de la Intendencia una exposición de sus originales, la convocatoria fue escasa.

Internet confirma la desmemoria: apenas un puñado de menciones aparecen cuando se pide información específica sobre Fossey en los buscadores más exhaustivos, como Google, Yahoo o Altavista. La mayoría de esas menciones corresponde a entrevistas o biografías sumarias de pintores contemporáneos que fueron sus alumnos, como Linda Kohen o Javier Bassi.

Esta especie de desidia de la memoria colectiva, inexplicable y sobre todo injusta, demuestra una vez más que no tenemos cultura de preservación; que vivimos de espaldas al pasado y hacemos poco por organizarlo, preservarlo y presentarlo a las nuevas generaciones. Son muchas las deudas pendientes que la ciudad capital tiene con Fossey, en especial la falta de localización, identificación y registro técnico de su obra, que se encuentra dispersa y escasamente visible; el establecimiento de políticas de difusión de la biografía y la obra de Fossey, a través de la digitalización de sus piezas artísticas, y la publicación en vía convencional o electrónica de las mismas; la reedición de sus reproducciones y de sus libros, agotados desde hace años.

ARTISTA ERRANTE. Dice su partida de nacimiento que Pierre Gabriel Fossey vino a este mundo en Caverny (aunque posiblemente se trate de Gavarnie, Francia), el 23 de noviembre de 1901, hijo de André Fossey y de Gabriela Valton. Nacido en familia de artistas, encontró el ambiente más adecuado para favorecer sus dotes excepcionales de dibujante, pintor y acuarelista. Su abuelo Félix Fossey (1826-1895) fue, al decir del crítico Rodolfo Obregón "un pintor netamente romántico, una de esas figuras curiosa y universalmente conocidas por haber sido amigo y contertulio de Murger, y haberle situado éste al lado de Rodolfo, Mimí y demás compañeros en su famosa novela Escenas de la vida bohemia, y trasladado más tarde a la ópera y al filme bajo el nombre de Marcelo". Este abuelo contemporáneo de Víctor Hugo, Musset y Gauthier obtuvo en 1852 el gran premio de Roma, con una obra llamada La resurrección de Lázaro, que lo consagró. Su padre, André (1864-1935), si bien artista de menor nombradía, fue un dibujante excepcional de aldeas, granjas y paisajes de Francia.

Reconstruir la vida de Fossey es igual que armar un gigantesco rompecabezas, algunas de cuyas piezas se han perdido, y otras se encuentran dispersas en los más recónditos sitios. El hecho de que casi no queden familiares suyos en Montevideo, y la antigüedad de las fuentes periodísticas, ha imposibilitado una relación exhaustiva de su paso por este mundo. No obstante, mediante la consulta a fuentes orales, y la búsqueda de datos aislados en libros, revistas y catálogos, se ha podido reconstruir los hitos más significativos de su experiencia humana.

Cabe decir que Pierre Fossey fue ciertamente un hombre de mundo, o quizás cabría calificarlo como un "hombre del mundo", porque desde muy joven se dedicó a recorrer los países y las regiones más variadas. Su vocación andariega no impidió que en cierto momento echara el ancla en Montevideo, no para detener su actitud viajera, sino apenas para definir un sitio al que le resultara agradable volver entre un viaje y otro.

Montevideo lo deslumbró por su arquitectura europea, su temperatura humana, y su variedad de paisajes urbanos, condicionados por la presencia del Río de la Plata, por su variada vegetación, y por la arquitectura de sus edificios más representativos, subsidiaria de tendencias francesas, norteamericanas y coloniales.

Está documentado que debió cumplir con el servicio militar en Wiesbaden, con las fuerzas francesas de ocupación, a raíz de la paz firmada al final de la Primera Guerra Mundial. Vuelto a París, esta ciudad operó apenas como escala entre distintos viajes, entre ellos dos confirmados a Venecia y uno a la luego tristemente famosa Nagasaki. De Francia salió muy joven, posiblemente con poco más de 20 años. Dejó allí un hijo, Guido Fossey, que fue educado en diversos colegios europeos, más adelante vino a vivir con él a Uruguay, y finalmente recaló en Brasil, donde murió en una fecha imprecisa.

LOS RETRATOS. Desde muy joven Fossey se dedicó obsesivamente a expresar en telas, papeles, cartones, con registro casi fotográfico, todo aquello que veía. Nació para dibujar y para ser fiel reproductor de paisajes y personas. En esos primeros años se dedicó esencialmente a los retratos. Como curiosidad, cabe mencionar que su primer libro de ilustraciones consistió en dibujos que acompañaban poemas "erótico-fantásticos" publicados en Francia hacia 1924. Rodolfo Obregón escribió en 1946 que "fue en Nueva York donde empezó a dibujar estructuras. Se enfrentó con los rascacielos como con las personas y comenzó a trazar de ellos, verdaderos ’retratos’ impresionando por sus singulares siluetas emergiendo entre las pinceladas verdes de los parques y aprovechando los extraordinarios matices de las distintas luces del día sobre sus aristas y superficies..." No es ocioso señalar que ese interés peculiar por la arquitectura quizás provenga de que Fossey había dejado inconclusos sus estudios universitarios en esa disciplina.

Otros viajes lo llevaron a extremos tan opuestos como Australia y Argentina. En este último país se había quedado a vivir unos años, colaborando ocasionalmente con la revista Caras y Caretas. También publicó al menos seis números de una revista llamada Croquis, entre mayo de 1940 y enero de 1941, caracterizada por sus audaces desnudos femeninos, y que según testimonios orales indirectos, habría sido clausurada por la dictadura de turno acusada de "pornografía". En esta revista, casi inencontrable, aparecen retratos de artistas del cine y teatro argentinos que se deben a su pluma, entre ellos, Luis Sandrini, Tita Merello, Pedro Quartucci y Mecha Ortiz.

Estando en Buenos Aires conoció a una uruguaya, Itumelia García, con quien se casó en Montevideo el 10 de setiembre de 1938, y que fue su compañera hasta el momento de su muerte. Ya en Buenos Aires había iniciado sus retratos de esquinas ciudadanas, y cuando vino a vivir con su esposa a Montevideo, se abocó a relevar en forma sistemática las estructuras urbanas de la ciudad. Dedicó su atención a todos y cada uno de los barrios, incluso los más humildes, aunque ello no lo eximió de retratar exhaustivamente a Carrasco, el barrio aristocrático de la ciudad, y a Punta del Este, una localidad veraniega que estaba empezando a perfilarse como balneario internacional.

Sus inusuales cualidades fueron demandadas insistentemente por empresas, bancos, organismos públicos y particulares. Pasó a ser ilustrador gráfico de periódicos, y en especial explayó su arte en el clásico suplemento dominical de El Día. También publicó varias recopilaciones de sus trabajos sobre Montevideo, finas y exhaustivas miradas sobre la ciudad. En muchos casos él mismo se encargó de los prólogos, escritos con estilo limpio, afabilidad y espíritu vivo. Las autoridades municipales de la época tomaron una sabia decisión: financiar algunas de estas ediciones, y editar decenas de sus láminas de esquinas montevideanas y reconstrucciones de Montevideo antiguo que Fossey realizaba a partir de fotografías y otros testimonios visuales. Por ese motivo, es posible encontrar todavía una galería estupenda de esas láminas en las paredes de oficinas y casas de familia.

En 1965 la Intendencia Municipal de Montevideo le solicitó que tomara a su cargo un curso de dibujo y pintura en la Casa Municipal de la Cultura del Prado, que Fossey dictaría hasta su muerte. Un dato poco conocido es que durante las clases, se dedicó a pintar al óleo los retratos de figuras de la política y la cultura nacional y universal, entre ellos José Gervasio Artigas, Joaquín Torres García, F.J. de Goya y León Tolstoi. En los largos tiempos vacíos de esas clases retrató también, con extraña fidelidad, a todos sus alumnos. Más adelante, según asegura el bibliófilo y ex director de la Biblioteca Nacional, Luis Alberto Musso: "inauguró en el Hotel del Prado una Academia Libre de Bellas Artes al estilo europeo, donde inició a sus discípulos en las técnicas propias de estas bellas artes".

Su cariño por el Uruguay lo llevó a gestionar la carta de ciudadanía, la cual le fue otorgada en el año 1956. Durante estos años, fue contratado en forma recurrente por bancos y empresas para ilustrar las instalaciones de sus edificios monumentales. También salieron de su pluma las imágenes de las casas fundacionales de balnearios recién fraccionados, y hasta las tapas de los discos de vinilo que algunas empresas editaban en conmemoraciones especiales. Familias adineradas hicieron uso de sus servicios para retratar sus residencias de estilo. La Comisión Nacional de Turismo, por su parte, le encargó la elaboración de álbumes paisajísticos del interior del país, lo que le permitió recorrer y registrar lugares de valor histórico y turístico, como el Parque de Vacaciones de UTE, en los alrededores de la ciudad de Minas.

Y en medio de ese trajinar artístico, hace sus viajes por España, Italia, varios países de Sudamérica y Estados Unidos. Incluso volvió a vivir en forma regular en Francia, entre 1960 y 1962. Vinieron luego momentos difíciles para el Uruguay. En 1973 cayeron las instituciones y el presidente Bordaberry disolvió el Parlamento, con el apoyo de las Fuerzas Armadas. Al parecer, la relación de Fossey con el Intendente de Montevideo del gobierno de facto no fue fácil. Distintos desencuentros con las autoridades de la época lo llevaron a tomar distancia.

EPÍLOGO. Fossey falleció en Montevideo el 22 de julio de 1976, víctima de un infarto de miocardio. Su esposa lo sobrevivió hasta 1999. Más allá de un par de homenajes post-mortem, la prensa se ocupó muy esporádicamente de él, y su familia vio cómo se extinguía lentamente su fama. Apenas cabe mencionar un homenaje que se le realizó en la Sala Laura Cortinas del Ateneo de Montevideo, el 17 de julio de 1981, a cinco años de su muerte.

Según su sobrina nieta, Fossey era un hombre carismático, dulce sobre todo con los niños, tranquilo, metódico, sabía escuchar. Trabajaba todos los días escuchando música clásica a volumen muy bajo. Hablaba español perfectamente, aunque nunca pudo quitarse de encima cierto acento francés. Fumaba permanentemente en pipa, con aire apacible y abstraído.

Musso ha expresado que "Fossey dejó en arquitectura tradicional uruguaya el mayor aporte con que cuentan nuestros archivos. Valiosa documentación para reconstruir el pasado edilicio de la ciudad de Montevideo e imprescindible en la reconstrucción de viejos edificios." La bibliotecóloga Elis Duarte por su parte, ha afirmado que "con su lápiz fresco y ágil, y su fina percepción de artista, volcó en su obra el encanto de esta ciudad, revelando sus hermosos y pintorescos rincones, la belleza de las mansiones solariegas y el solaz de sus parques". No en vano Rodolfo Obregón profetizaba hace más de medio siglo que sus pinceles, distinguidos personajes, serían en el futuro cronistas autorizados del Uruguay de su tiempo.

Fuente: Suplemento Cultural del El Pais 1/27/2006