La quema del "judas"


Los “judas” no son mas que unos simples muñecos de trapo o de cartón, rellenos de aserrín o de papel, que se queman a la medianoche del 31 de diciembre de cada año.

Comúnmente se les introduce también varios tipos de explosivos (de distinta magnitud), que le dan el toque especial al ritual, al detonarse éstos mientras se está incinerando el muñeco.

Sonados los primeros petardos, se siente la llegada del nuevo año, y en los portales de las casas y dentro de ellas, los familiares, amigos, y personas en general, se dan un abrazo, y se desean lo mejor para el año que nace.
Luego de esto, se reúne la familia dentro de casa, para llevar a cabo la clásica cena de fin de año.

 

¿Pero de dónde nace esta tradición?

La tradición de quemar “Judas” es muy antigua, y ha variado de generación en generación, supuestamente vino desde el continente europeo, con la llegada de los conquistadores a América, y se empezó a practicar en algunos países del mundo.

Es así como en México y Uruguay, hay (o hubo) una tradición  pero con algunas diferencias, y se efectuaba en semana santa, no en diciembre.

Hace decenas de años, de cuyo tiempo los libros no tiene memoria, el último domingo de semana santa en distintos países de América Latina se quemaban muñecos de paja denominados Judas, el que vendió a Jesús por treinta monedas.

Como estaban vestidos con ropas muy gastadas hechas a partir de retazos de tela, el nombre de Judas también era utilizado por los ricos para denominar a quienes andaban con ropas muy modestas (para ellos mal vestidos), o sea los pobres.

En la actualidad esa tradición de semana santa solo se mantiene en algunos estados de México.
El Judas mexicano es un muñeco hecho con madera y cartón que después de exhibirse colgado se le hace estallar por medio de cohetes que fueron colocados durante su elaboración. Su tamaño va de 30 centímetros a siete metros.
Se pinta la cara de acuerdo a un personaje político o público del cual la gente quiere burlarse y en algunos lugares los rellenan con dulces o juguetes que serán distribuidos entre los vecinos antes de ser quemado.

Según la antropóloga mexicana Sonia Iglesias los orígenes de esta tradición pueden encontrarse durante los años de colonización de España por parte de los árabes entre el 700 y el 1400, cuando cada 19 de marzo, en Valencia, se elaboraban monigotes para festejar el día de San José como una forma de preservar el catolicismo.

En México, durante la Colonia, los conquistadores españoles implementaron entre los indígenas la elaboración de monigotes de Valencia, como un instrumento de evangelización durante el Sábado de Gloria cuando se da la Resurrección de Cristo. Luego se quemaban con explosivos dentro. Para mediados del siglo XVI, los Judas formaban parte de la rica variedad de artesanías mexicanas y en la actualidad se siguen quemando en la semana santa, aunque ya no se permite colocarles explosivos dentro.
 

Sufriendo algunas mutaciones y cambiando de fecha, la tradición del muñeco quemado se ha mantenido con fuerza en otros dos países de la América Latina: en Ecuador con los "años viejos" y en Uruguay con los "judas findeañeros".
Recordar la niñez en Montevideo en  décadas pasadas, es recordar aquellos Judas que alguna vez hicieron época.
Los niños de cada barrio se juntaban, conseguían algún pantalón viejo, un saco y lo rellenaban de papel. Con un trapo hacían una cara redonda y sonriente. Eran muñecos coloridos. Unos tenían manos, pies y algún gorrito. Otros usaban camisa a cuadros tipo escocesa.
Ya por finales de noviembre se instalaban en cada esquina y los muchachos pedían al que pasaba "un vintén pa'l judas". El 31 de diciembre se los rellenaba con bombas y cañitas voladoras compradas con lo recaudado, y se les prendía fuego en medio de la calle, ante la mirada de los vecinos, mientras se escuchaba el sonido de los típicos tambores montevideanos.


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