Irineo Leguizamo

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2002 ~ 12 años difundiendo nuestras raíces ~ 2014


Julio E Fuentes Barreto

 


Semana santa... criolla, o que?

Por Julio  Fuentes Barreto


En nuestro tan ponderado paisito cada vez se utiliza con menos frecuencia la expresión SEMANA SANTA, y de acuerdo a sus preferencias la gente suele catalogarla mayoritariamente como SEMANA DE TURISMO, también SEMANA CRIOLLA y quizás aparezca entreverada alguna SEMANA DE LA TRADICIÓN, según el informativo y el redactor que desarrolle -o destroce- la noticia. El asunto es que faltando pocos días para el asueto, gran parte de los capitalinos experimentan unos deseos brutales de zafar de sus rutinarias y opacas existencias, salir a recorrer el interior –también es SEMANA DE TURISMO INTERNO-, deslizando la vista sobre nuestro ondulado paisaje y aventurarse por montes y arroyos absorbiendo la naturaleza en sus mil pletóricas manifestaciones. El tipo urbano, que por Hache o por Be no puede trasladarse tierra adentro y es afecto a lo campero y tradicional, a su manera intentará saborear nuestra campaña en sentido inverso, dentro de los límites metropolitanos, o sea: en LAS CRIOLLAS. Se disfrazará de paisano y rumbeará hacia EL PRADO o LA ROOSEVELT luciendo sus gauchescas galanuras en dos versiones netamente disímiles.

El paisano TIPO “A” lucirá: golilla de seda, facón -mango de plata si fuera posible-, atravesado al tirador, rastra de monedas y vintenes antiguos, talero, botas y espuelas, (de potro, lloronas, chiripá y calzón cribao, ni ahí: sólo en museos), chambergo de ala ancha o panza de burro con barbijo, ponchito patria o de alpaca caído sobre el hombro, chaleco bordado, hum… En la boca y milagrosamente adherido al labio inferior, pucho de chala y tabaco negro apagado, haciendo pandam con escarbadientes juguetón en la comisura opuesta carente de piezas dentales; esto figuraría realmente autóctono en rostros patibularios, fachas picadas de viruela con bigotazos hirsutos, quemados y amarillos: pero bueno, cada uno pone lo que tiene. Capaz que el tipo vive por La Tablada, Manga o La Barra, y tiene un flete -prestao o propio aunque no sea parejero-, y sale muy orondo ensillando recao y cojinillo de regular altor. -¡Pa´eso doblate un polyfom de dos plazas encima, hermano ¡–le grita uno. Sí, parece que llevara enancada una poltrona, mismo-. ¡Hasta tenés respaldo y todo, andáa! ¿A santo de qué? … para ostentar, falsear una imagen frente a los gauchos genuinos que vienen a trabajar con las tropillas. Diferente y más modesto es el paisano TIPO “B” quien vestiría: boina de vasco de un metro de diámetro, vaina y tramontina de mesa atravesao en faja de lana diez vueltas, el rebenquito del gurí, alpargatas de yute o suela de goma -las rancheras desaparecieron hace como cuarenta años, don-, bombacha bataraza o beis con puño, camisa cuadrillé, una caja de Nevada, el bic y un celular apretados en el doblez de la manga. Eso sí, como caballo no hay (no se animó a jinetear el de plástico que le dejaron los reyes al botija, era demasiado alevoso), el tipo debería trasladarse en moto o bicicleta – que también son caballos urbanos ¿no?-, o en ómnibus común nomás, donde sería candidato obligado de todas las miradas. Ahora que si el tipo es lampiño y carilindo puede llamar a engaños, y debería dejar de afeitarse por unos días o dibujarse un bigote con el delineador de la patrona.
La mayoría de los paisanos TIPO “A” -para esto ya no ranquean los “B”-, se embatan para deslumbrar a las aguerridas y pintarrajeadas veteranas, desteñidas y cangüecas damiselas que vienen a levantar el espíritu campero oculto bajo las bombachas de los gauchos verdaderos; aunque éstos, los disfrazaos, aprovechando la “bolada” pueden considerarse cumplidos con llevarlas a tomar una cervecita y una picada en alguno de los fogones. Mientras escuchan a los marchitos payadores, paco va y pico viene, promesas y más promesas, van matándole el bicho e´la oreja a las priendas; pero ellas detectan que estos falsos mesías no son tan sonsos como los originales que igual se levantan a cualquier apetitoso travesaño como si fuera una diva de Hollywood. También ronda mucha botijada joven, femenil y suficientemente troteada, que se arrima a paladear el olor a corral, majada y tropilla que emanan ciertos gauchitos bien guriseados pero rústicos, a media doma, y que de pique se van a los bifes; dejando bien alto los prestigios citadinos ellas le atracan a lo que venga igual echando los bofes. Primero las invitan a dar unas vueltitas a caballo: el primer viaje la llevan en la grupa, el segundo atravesada sobre la cruz y al tercero las jinetean apretando las marcas y haciéndoles sentir el rigor del chicote: Rematan la faena dándole unos buenos talerazos contra los plátanos de la callecita de atrás, allí, contra el Jardín Botánico.





En la CRIOLLA del ROOSEVELT el ambiente es bastante parecido aunque más montaraz. Desde los chamizos hasta el visitante todo es más rural y rústico, más acanariado y en un contexto entre humilde y discreto. Las calles de tierra arenosa y volátil le ponen sabor local a las torta fritas, pasteles, choclos, chorizos y al asado con cuero (manjar nunca mejor llamado de tierra adentro) tierra adentro, afuera y por donde sea: -Sí, don, pero no me va a negar que el chimichurri con sabor a campo es otra cosa. Las expo ferias son similares a tantas otras, y tras los descangallados mostradores asoman rostros algo más resignados que en el PRADO; la gente camina mucho, mira -a veces para quedar bien, pregunta-, pero compra muy poco. Además durante el día esta CRIOLLA tiene otro atractivo necesario, un camping entre los montes de pinos donde también pernocta la gente que trabaja las tropillas y los desheredados de siempre. Por las dudas de noche no se te ocurra internarte por esos montes tenebrosos (una lamparita cada tres cuadras) ignorando el riesgo cierto que corre tu integridad, ya sea de bolsillo, sexual o física. Aunque parezca lo mismo que el PRADO, la seguridad -igual que la luz-, brilla por su ausencia: no tiene nada que ver. Podés ir por lana y volver trasquilado, como dicen.
Los estruendosos parlantes del ruedo dibujan las emocionantes alternativas de las jinetadas a quienes no pudieron acceder al precio de una localidad, por cierto bastante salada para la mayoría de esos bolsillos anémicos y ya resecos por satisfacer a los gurises. Que algodón de azúcar, que manzanas acarameladas, que los churros, siempre por las nubes, ¿alguien sabe qué ingrediente mágico los encarece tanto? Si sólo es engrudo frito… Que pipoca, que la vuelta en pony (otro afane: con el importe de tres vueltas te comprás uno) y cuanta maravilla no ven esos niños desde el año anterior, como el colorido y abollado Tony Park -inevitable y eterno-, en cuyos chirriantes y precarios juegos se han enamorado y divertido los progenitores de éstos gurises que hoy los miran absortos como a su Disneylandia posible. También los modestos trencitos, el carricoche farolero y los ponys barrilescos son los mismos: -¿Cuánto vivirán los ponys? - pregunta el inocente-. Y… treinta, hum… cuarenta, a los treinta llegan bien… -Sí, m´hijo, cuando yo era chico mi viejo siempre me subía en ése bichoco tubiano, ése de la clinera abrojada, ¿vio? La zona de estacionamiento caballar hiede feo, a bosta y orines -equinos y humanos, claro-, porque los servicios higiénicos están ahí nomás y no hay con qué darles: las desdichadas mujeres se bancan las tales colas esperando para desaguar. -Para ustedes siempre todo es más fácil –retrucan, y es cierto: cualquier árbol nos deja bien.





TURISMO también es la SEMANA CICLISTA por antonomasia. Todavía muchos se emocionan acercándose a la ruta para ver pasar la caravana multicolor de la Vuelta, hoy sin la Spica pegada a la oreja, claro, aspirando aquel estremecimiento –suspiro y ráfaga fugaz de motos y sirenas-, y aplaudiendo al bulto sin detectar a nadie conocido, añorando aquellos legendarios y reconocibles cracks: el rey Moyano, René De Ceja, Luis Pedro Serra, el vasco Etchebarne, Rodolfo Villanueva, el vasquito Asconeguy, Federico El Grande, lo máximo, EL ÚNICO… y muchos más como Próspero Barrios o el sordo Timón… Hoy apenas pasan una veintena de ciclistas; antes eran casi doscientos y sobre las orillas del camino la gente se arracimaba para apoyar y animar tanto a los sacrificados corredores del pueblo como a los consagrados. Esperaban casi una hora para alentar y aplaudir hasta el que pasaba último con el camión de los rezagados comiéndole los talones. Cuántos nos bancábamos hasta el final aquellos radiales y kilométricos “Aprovecho la oportunidad…” espacio nada comercial ni profesional por cierto, pero repleto de COMUNICACIÓN PURA, palabras y emociones necesarias, esperadas , que acercaba afectos acortando nostalgias y distancias. Por Intenet o celular no es lo mismo, botija, creémelo.
Por ahora les agradezco la gentileza y espero que disfruten al mango; el lunes hay que poner toda la carne en “otro” asador y el tirón es largo. ¡Salud!
 


Julio E Fuentes Barreto es un escritor valiente y audaz, creador de atrtículos veraces pero que pueden llegar a ser polémicos

Recomendamos visitar su página web: www.jfuentesbarretto.com
 


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