Irineo Leguizamo

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2002 ~ 12 años difundiendo nuestras raíces ~ 2014


Julio E Fuentes Barreto

Gardel y el marketing del mito

By Julio Fuentes Barreto


Este día de San Juan no estamos recordando la funesta tarde de Medellín, ni la mentirosa y malavenida desaparición del Morocho del Abasto, sino el milagroso nacimiento de una leyenda que mal o bien, nos toca muy de cerca y nos identifica. Sinceramente quisiera lograr retratar al Mago desde otra perspectiva más subjetiva. Ahí vamos.




A principios del 900 todos éramos porteños -ellos y nosotros-, teníamos puertos con antros y faunas similares, idéntico piélago humano de bailongos y entreveros, frecuentado por cafiches, fiolos y macrós, compadritos, taitas y malevos, paicas y grelas, maulas y farabutes, chirusas y bataclanas, que no poseían etnias ni patrias definidas; sólo pertenecían a la R.A.R. (República Arrabalera Rioplatense) y nuestras ciudades se auto clonaron suburbios, submundos regidos por leyes y códigos propios -¡Ojo!, que aquí y en pleno 2012 todavía subsisten-: fuimos incapaces de inventar un Puerto Madero o una Boca Turística para venderlos… erradicándolos. El incrédulo debería verificar esta aseveración aventurándose, y a pie, después del crepúsculo por las cercanías de la Aduana, la Dársena o el Maciel, y si regresan indemnes después me cuenta. Sigo. Fueron aquellos Abastos y estos Bajos quienes abastecieron de letras al Morocho y sus pares. Decenas de temas y melodías brotarían de su silbido callejero y compadrón y serían traducidas a música legible; pero también muchos bardos de boliche donarían sus pesares borroneados en hojas de cuaderno o papel de estraza, para que el sortilegio del Mago les dotara de vida y su protesta llegara a otro auditorio, y tal vez ¿quien te dice?, lograra traspasar el muro de indiferencia y marginación que generaba el conventillo -donde languidecían pebetas y purretes-, esperando otro destino: no aquella fugaz ilusión de organilleros y cotorritas de la suerte.


Hoy día sería impensable, e imposible, hacer apología del delito como en aquel entonces. Perdonen señoras, pero el número de mujeres tontas, tipos que las vivan y le sacudan el esqueleto siempre hubo y sigue en ascenso; traiciones, muertes absurdas, y violencia de género, también, todos los días. A pesar de la hipotética liberación femenina, del barniz tecnológicamente social y la perversa globalización, el macho siempre ha sido malacostumbrado; y el machismo del Mago era capaz de tiernizar hasta los crímenes más escalofriantes, exonerando a gente de avería y fuera de la ley, hasta hijoe´milputas de toda laya… Arrésteme sargento y póngame cadenas, si soy un delincuente que me perdone dios… No por favor, que vas a ser un sádico: si al mejor estilo Jack the Ripper bordaste a puñaladas a tu jermu y su amante, lo descuartizaste y encima te presentás en la comisaría con la valijita donde traés como trofeos -prolijamente envueltos pa´ regalo-, las trenzas de mi china y el corazón de él… ¡Andáaa… Carlitos!


El Mudo supo abrevar en ese zoo humano y hasta un balazo en el pulmón se ligó por andar junando minas copetudas en la Recoleta; vino a curarse al Valle Edén, mire usted, y hasta se quedó un tiempito visitando vecinos por sus pagos. Menos mal que no era Oriental, ¿eh? No dudo en absoluto que GARDEL sea uruguayo y además tacuaremboense, el Zorzalito de Tambores no tenía una célula de francés –dije CÉLULA no cédula ¿tamo?-, que digo célula, ni un gen tenía… el Guachito de Escayola hasta hizo la primaria en la escuela de Varones de la calle Durazno en el viejo y querido Barrio Sur montevideano; recién después se lo llevaron a Buenos Aires. Hoy ya nadie se traga lo del alumno ejemplar de colegios distinguidos que la pobre Bertha intentó endilgarle a su entenado contradiciéndose mil veces -era mucha la guita y demasiados buitres sobrevolando los suculentos despojos del Mudo-; hasta los catorce su adorado Charlot fue el raterillo que lideró el record de entradas en la comisaría del entrañable Abasto. Luego esa “belleza” de niño se fugaría hacia nuestra Tacita del Plata y frecuentaría, ¡sólo, pobre criatura!, todos los cafetines del Barrio Sur y Palermo (las malas lenguas, que siempre las hay, dijeron que estuvo cuatro años internado en un reformatorio, no…), aunque doña Bertha afirmara que había trabajado en siete oficios, ¡ángel mío!, y aunque más adelante -siempre cantando, claro-, fuera el típico garçonière preferido por señoras maduras , tallador de naipes en las timbas, y un pelafustán, eso sí muy carismático, que payaba en siniestros comités políticos… O sea, que distaba leguas de ser un modelo de buena conducta, al revés; ya a los veinte desplegaba un precoz y oscuro prontuario –incluyendo una condena por conspiración en las frías y patagónicas mazmorras de Ushuaia- que cuando solicitara y obtuviera la ciudadanía, ¡oh, milagro! sus correligionarios se encargarían de blanquear decorosamente, liberando de una vez y para siempre a su álter ego -el desaparecido francesito de Toulouse-, Charles Romuald Gardés: Requiescat In Pace. Fue una lástima. Porque los orientales somos tan giles que permitimos que los porteños lo empadronaran a su nombre: según una declaración para la preservación patrimonial del 2003, la Unesco le declara: Cantante y actor francés nacionalizado… ¡Argentino! Estimados Avlis, Bayardos y otros tantos: Gracias por los esfuerzos y estudios realizados durante todas sus vidas, pero vayan a llorar al cuartito, o a cantarle a GARDEL que mejor viene al caso.


Tampoco dudo que desapareció a los cincuenta y tres años. Sentía pánico de llegar -y peor, de confesar-, los cincuenta, no olvidemos que en esa época los cincuentones eran viejos calandracas (ahora también, pero bien empastillados no lo representamos tanto), además, vaya mi censura para quienes homenajeando su coquetería le sacaron ocho, haciéndole palmar a los cuarenta y cinco, donde él se había estacionado muchos años antes. De cualquier manera, cierto o no, desapareció en pleno apogeo; exactamente como deben y saben morir los ídolos que no lucen decadencias, ni vejeces. Mozart, John Lennon, Luther King, el Ché, Julio Sosa… A medida que iba trepando las escaleras de la fama y la posición social le fue cantando a otros contextos más universales, –y que los gardelianos me perdonen, es humano e inevitable-, aunque lamentablemente perdió el sabor a barrio: la realidad documentada nos dice que pasó a ser una imagen glamorosa, quimérica, ilusoria, aunque con la guitarra (según él “la escoba”) no pasaría de dos o tres apoyaturas, ¿para qué las necesitaba con las violas que tenía?, los cracks y los ídolos apenas necesitan una sola cualidad para ser adorados; el resto sobra. Como la imagen del engreído Maradona -también salido del barro- quien le brinda al lumpen una esperanza donde verse reflejado y representado; un desafío frente a los poderosos y la riqueza. Un ser humano ¿puede perpetrar tantas agresiones contra sí mismo, cometer tantas burradas, reventar tantos morlacos y permanecer incólume, seguir siendo un ídolo amado? No hay caso: el pueblo de a pie generalmente desarrolla un especial magnetismo por estos personajes desfachatados, pillos y reos carismáticos -sobran ejemplos-, hasta votan para presidente a un clown porque chamuya bonito y promete una gestión divertida, aunque se mande quinientas macanas; ya ves chabón que utilizo tus propias palabras, pero se te perdona porque vos y el Mago, además de bolsos, son burreros de alma.




Todavía no existían ¿o sí? los asesores de marketing, pero debo reconocer que sus managers demostraron ser magistrales pioneros edificando el mito. Eso sí, apuntalados por medio millar de tangos y casi mil quinientas grabaciones, que no son moco e´pavo, botija; ni los Beatles, mirá lo que te digo, y eso que eran brutos genios ¿eh? Posteriormente GARDEL será un cantor de élite -con envase mejorado a dietas y gimnasio-, el mismo petiso retacón pero distinto; se habrá operado sin resultados la nariz, perdiendo ese arrastrar gangoso característico de sus comienzos targueros, y junto con él, aquella pátina de barrio plateado por la luna, rumores de milorrrga son toda mi fortuna… pero seguirá ocultando sus nostalgias, misterios y milagros desayunándose, almorzando y trasnochando con Merí, Betí, Peguí, Julí, y bajándose galones diarios del mejor quegüi escocés. Adiós muchachos compañeros de mi vida, barra querida de aquellos tiempos… Pero ese sería material para una tercera nota que todavía está por escribirse, quizás el año que viene, ¿Quién te dice, no?


Gracias a todos por el interés y la tolerancia: nos estamos leyendo. Salú
 


Agradecemos a Julio E Fuentes Barreto por sus valiosos aportes, los cuales compartimos con nuestros visitantes.

Julio E Fuentes Barreto es un escritor valiente y audaz, creador de atrtículos veraces pero que pueden llegar a ser polémicos

Recomendamos visitar su página web: www.jfuentesbarretto.com
 


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