Irineo Leguizamo

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2002 ~ 12 años difundiendo nuestras raíces ~ 2014


Julio E Fuentes Barreto

VIEJO BOLICHE

 (by Julio Fuentes Barreto)


En las cinco esquinas que forman Rivera, Arenal Grande, Jackson, Guayabo y Fernández Crespo todavía existe un antiguo boliche donde la gente recala buscando un whisky acompañado con picadas y otras calaguascas.
Apenas entramos nos asalta un penetrante hedor a orines gatunos que al cabo de unos minutos ya resulta familiar y no molesta, diríase integrado a otros típicos tufillos habituales en este tipo de piringundines lamentablemente escasos y en vías de extinción.

Una vitrina exhibidora, cristal y acero inoxidable, desentona tristemente y pareciera ser vomitada por el antiguo y rotundo mostrador con basamento de madera moldurada, faldones de mármol verticales y el lavacopas incrustado sobre la ineludible cubierta de estaño plomizo y opaco, que a sus años ya no soporta los desengaños de tanta modernidad.
La barra está repleta de parroquianos silenciosos, parados frente a sus doradas cuitas, acodados indolentemente “aguantando el mostrador” como corresponde y debe ser; sólo dos hombres mayores de setenta gesticulan conversando de política. Varios carteles escritos a mano promocionan un “medio y medio”, como el del Mercado del Puerto.
En la pared del fondo, dominando el ambiente desde de su elevado soporte metálico, una gritona televisión reclama y exige un poco de atención; vana pretensión, aunque sea la hora del informativo nadie se digna mirarla ni por un instante.
En nuestro chato país nunca pasará algo tan importante que supere el placer de paladear un buen trago a solas consigo mismo.
Desde el punto de vista cromático el ambiente me recuerda la paleta de los bodegones que pintara el loco Sartore, paleta torresgarciana por supuesto, aplicada irremediablemente al paisaje urbano; al interior costumbrista.
En una de las mesas, una señora sola, pasados ya sus setenta inviernos, pide un whisky, un pomelo y la picada, por favor; por la manera que la recomienda, parece que el apetito supera la sed. El mozo se acerca, en su porte cansino y la voz marchita arrastra un calvario de diez horas, exhala un: ¿Qué le sirvo? Un café… y piadoso agrego: En vaso. En otra mesa una pareja de veteranos sospechosos de amores tardíos y furtivos, se observan acariciándose las manos con la punta de los dedos; miradas profundas que dicen y desdicen, prometen y resignan. Más atrás, unos jóvenes beben altisonantes cervezas, son lo único que aporta un aire distinto a este ambiente cargado de años, soledades y nostalgias.
Sobre el murmullo general se destaca un sonido inconfundible y cristalino, cubos de hielo cayendo en vasos vacíos. Otra señora también sola y bastante mayor, tapado de paño violeta, calzas grises y pañuelo de seda al cuello, observa abstraída el interior de su vaso semivacío; quizás intentando redescubrir momentos, también escasos y dorados como ese whisky, fugados de su memoria gastada. La primera señora, la septuagenaria, pide otro whisky y vuelve a repetir lo de la picada; parecería que vino a cenar.
Enfrente, en la proa de la esquina con Jackson, en el retablo de mármoles carcomidos y opacos donde el David supo mostrar sus atributos, bellezas para algunos, escaseces para otros, un ridículo jarrón de mármol de carrara exhibe su patética soledad. Retablo perfecto para un Michelángelo, pero exagerado para un pretencioso florero.
Hoy es día de paro general, pago el café y me voy; entro a las ocho.
La tarde se despide, esplendorosa, verdedorando las crestas de los plátanos
.


Agradecemos a Julio E Fuentes Barreto por sus valiosos aportes, los cuales compartimos con nuestros visitantes.

Julio E Fuentes Barreto es un escritor valiente y audaz, creador de atrtículos veraces pero que pueden llegar a ser polémicos

Recomendamos visitar su página web: www.jfuentesbarretto.com
 


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