Irineo Leguizamo

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2002 ~ 12 años difundiendo nuestras raíces ~ 2014


Julio E Fuentes Barreto


Asados Urbanos I


by Julio Fuentes Barreto


Sí señor, señora, de sopetón se nos vino arriba el verano: ahí nomás ya están las fiestas, las licencias anuales y las consiguientes vacaciones aparecen en el horizonte -marino si fuera posible, jefe-, y ya se vuelven más frecuentes los asaditos particulares, quien más quien menos… si no sabe aprende y le da para adelante. ¡A quemar leña…  y carne, se ha dicho! Ritual atávico si los hay, porque según un reciente estudio arqueológico de la Universidad Hebrea, luego de analizar restos fósiles a orillas del río Jordán, se hallaron pruebas que hace  790.000 años el hombre primitivo tenía la habilidad de controlar el fuego para la cocción de sus alimentos. O sea, que hace casi 800.000 años ya el tipo se mandaba sus opíparas barbacoas. Mirá vó.

 

La inmensa mayoría de los uruguayos del área metropolitana, Montevideo y aledaños canarios, independientemente del estrato o nivel socio-económico al que pertenezcan tienen –tenemos-, la costumbre ancestral, prehistórica o biológica (cuestión científica por dilucidar entre sociólogos, paleontólogos y genetistas) de poner sobre las brasas porciones de animales, o animales enteros, rumiantes o no, bovinos, ovinos, porcinos (antes llamados suinos -qué burros-, por suidos); bicharracos domésticos o de la fauna silvestre, armadillos incluidos; aves de corral o de monte; peces de río o de mar, dorados, surubíes, bogas, angelitos, corvinas negras, anguilas no porque corcovean demasiado; bueno, todo bicho que se desplace por aire, agua o tierra sobre aletas, alas, con dos o más patas, ineludiblemente terminará en el asador, como decía cierto gaucho viejo, ladino y sentencioso.
Si las finanzas hogareñas lo permiten quizás resulte acompañado por algún embutido de procedencia dudosa y alcurnia desconocida -llámese genéricamente chorizo, morcilla, salchicha-, o por otras achuras y menudencias inevitables como riñoncitos, chinchulines, (no se te vaya a ocurrir sacarle el relleno, el quimo es lo más sabroso) tripas gordas, chotos. ¡Ah! y por supuesto: las inolvidables mollejas, cuyo exotismo les lleva a cotizar en bolsa. Y sí, razonemos un instante... mientras que una res vacuna carga sobre sus pezuñas casi media tonelada de huesos y músculos, intestinos, bofes y estómagos, apenas lleva en sus carrillos ese exiguo y sabroso par de glándulas, ese medio kilito tan codiciado como inaccesible para bolsillos mediopelo.
Sin diferenciar  variables etarias o de género, analicemos lo qué NO ingiere el carnívoro humano uruguayo. A ver... ¿Pulmones? No. ¿Corazón? Tampoco (aunque sea muy indicado para perros y gatos, termina perjudicándoles, pregúntele a su veterinario). ¿Cuernos y pezuñas? Eh, pará ché... Se consumen, sí, pero en artesanías relacionadas con otro de los vicios endémicos uruguayos. ¿Cuero? Sólo en prendas, y aunque muy folclórico termina siendo desechado en el asado con ídem., y poco más. El resto de la fauna, tarde o temprano y procesado de mil maneras, terminará transitando por su aparato digestivo; cocido, asado, freído o casi sangrante (Para mí bien jugoso ¿eh?). Sesos, (¡Ajjj…!) mondongos, rabos, grasas, entrañas, hígados, lenguas; pero también orejas, hocicos, ojos, cartílagos, páncreas o pajarillas... ¿Huesos? también ¿Sangre? y sí... ¿Qué soy un exagerado? Vamos hombre, ¿con qué le parece que se rellenan los panchos, chorizos, morcillas, morcillones, quesos de cerdo y todas esas linduras que usted acarrea desde la fiambrería semanalmente? ¿Sigo?
No, por ahora creo que es suficiente: el depredador tipo, su consorte y los cachorros digieren todo eso y además -si cuadra-, preferentemente a la parrilla. El fuego mata todo, suelen decir mientras huelen con fruición y observan embelesados aquello que chisporrotea sobre las brasas. Y con los colesteroles, el HDL y el ácido úrico, la hipertensión, las ureas y los triglicéridos, ¿Que hacemos, vecino? Y... jefe ¿quélevamo’hacer? Nada. A verdurita no se puede vivir, ché don. A la final no somo’ pájaro, ¿no? ¿No somo? Tiene razón, no somos, o como dice la sentencia preferida de los pecadores: de carne somos.
Entonces vamos al grano, a la ancestral interacción entre hombre, fuego y proteína animal a ser consumida, que depende exclusivamente del tipo y el lugar donde arme fuego el tipo- amén de lo que ponga encima de las brasas-, algo que parecería ser lo mismo, pero que depende y difiere esencialmente según su posición respecto al espectro socioeconómico, que no es tan espectro ni tan socio. Obsérvese el malabarismo dialéctico.



El individuo de elevada posición económica o disparatado poder adquisitivo -uno es consecuencia de la otra y viceversa-, siempre comparte las barbacoas con sus pares y las riega con típicos ejemplares de vides europeas y destilerías escocesas. Además controla la operación y dirige al experto asador de pañuelito al cuello y aire paisanesco que importó desde su “campito” (que por supuesto conoce su metièr y no necesita indicaciones de un neófito); pero el dueño de casa hace que “hace”. Es impensable imaginar al Sir inglés transpirando o acercándose a menos de tres yardas del lugar, y aun menos contaminando sus fosas nasales con el smoke de la BBQ o quincho. En determinados círculos, como éste, queda out decir parrilla, ni siquiera parrillero. El pequeño recinto, doscientos metros cubiertos, está ubicado al fondo del garden park de dos hectáreas y sometimes integrada a la swimming pool, (piscina para el vulgo) doscientos metros más de agua celestona, dos trampolines y una docena de reposeras italianas de madera tratada; el PVC se lo dejamos a la plebe.

Por el contrario, el nuevo rico (o fortuna en ascenso), agenda días específicos con menúes diversificados en función de la naturaleza social de sus invitados; jamás se le ocurrirá reunir a sus amigotes de antes, la vieja barra de Capurro, de su misma extracción cultural (whisky nacional, Las Toscas, armados en el país y Old Spice), con las nuevas amistades que puedan oficiar de palanca o escalera para seguir posicionándose, trepando ¡bah!, en los círculos de privilegio (etiqueta azul, José Ignacio, Mitsubishis 4x4, y Ralph Laurent) aunque también éstos resulten outsiders de la peor calaña.

No he tenido otra opción que desarrollar el tema en dos artículos, en breve aparecerá otro donde veremos su vinculación con el resto de nuestras ocho clases sociales. ¿8? Gracias por compartirlo y la seguimos en cualquier momento. ¡Salud!

 

© Fotografías del autor.

Agradecemos a Julio E Fuentes Barreto por sus valiosos aportes, los cuales compartimos con nuestros visitantes.

Julio E Fuentes Barreto es un escritor valiente y audaz, creador de atrtículos veraces pero que pueden llegar a ser polémicos

Recomendamos visitar su página web: www.jfuentesbarretto.com  
 


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