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Un camino muy largo hacia el actual Himno Nacional




Al iniciarse el año 1829, el poeta compatriota Francisco Acuña de Figueroa elevó a consideración de la Honorable Asamblea General Constituyente y Legislativa -a través del Ministerio del Estado- una Canción Patriótica, solicitando que fuera aceptada como Himno Nacional.
El Ministro le contestó en comunicación particular, agradeciendo de parte del Gobierno aquella obra, y avisándole que creía sería oportunamente favorecida con aquel honorífico carácter. Como la oportunidad demoraba más de lo aceptable, en febrero de 1830 Acuña de Figueroa reiteraba su petitorio a la citada Asamblea -esta vez, mediante el Gobernador Lavalleja- señalando que la Canción Patriótica que enviara un año atrás (la misma de ahora) "tenía por objeto perpetuar en los corazones de los orientales los sublimes recuerdos de las glorias de la Patria, el amor a la libertad que tanta sangre costó y el honor inmarcesible del héroe inmortal y de los valientes que admirando al mundo por su constancia y el heroico fuego del patriotismo, rompieron las cadenas de aquélla y le alcanzaron la independencia de que goza".
Sin embargo, y pese a no existir a la sazón una oficialización formal, tal Canción debía circular entre la gente, como se deduce de las manifestaciones que el propio Acuña formulaba en su segundo pedido: "Más de un año, Excmo. Sr., ha transcurrido sin que haya tenido efecto de un modo auténtico esta declaratoria (la oficialización); aunque el autor ha notado con satisfacción que el mismo Gobierno y todas las autoridades en cuantas ocasiones públicas se ha cantado, le han prestado las demostraciones que en todos los Países tributan honor de la Patria al entonarse el Himno de ella, y lo que es más, el Pueblo todo, por sus aclamaciones y por su aquiescencia a aquellos homenajes, le ha sancionado implícitamente el carácter augusto de Nacional a que aspiraba".
Frente al silencio que cundía en torno a los demás vates de la época, Acuña insistía en su posición, con esa Canción que -lo expresa así Vicente T. Caputi en "Rememoracionos Centenarias"- comenzaba con un "Gloria Eterna a los hijos de Oriente".
Esa segunda solicitud de Acuña "durmió" en carpetas de la Asamblea hasta julio de
1830, en que LavalIeja cursó a estudio de ese Cuerpo un himno del exilado poeta argentino Juan Cruz Varela, que se iniciaba con estas palabras:

"Entonemos el Himno de gloria
a la nueva Nación Oriental
Coronada de lauro en la guerra
Coronada oliva en la paz".

Enseguida hubo comentarios diversos en cuanto a la autoría de un Himno Nacional. Se advertía una leve inclinación hacia los versos de Acuña de Figueroa, entre otras cosas porque "tienen el estrofas llenas de nervio y de fuego... y recuerdan con ardor las últimas glorias de los Orientales".
Pero ni el propio Acuña estaba convencido de esto: y fue así que tres años más tarde gestionó y obtuvo que el Excmo. Gobierno declarse Nacional otro Himno por él concebido, que destacaba en sus partes esenciales un vibrante coro:

"¡Orientales, la Patria o la tumba!
Libertad o con gloria morir!
Es el voto que el alma pronuncia
Y que heroicos sabremos cumplir.

En otro pasaje, se decía:

"¡Libertadl ¡libertad! ¡Orientales!ll
Este grito a la Patria salvó
Que a los fieros tiranos asombra
Y a los libres infunde valor.
Sangre y muertos y horrores nos cuesta
Este don sacrosanto gozar:
¡Libertad en la lid clamaremos,
y muriendo también Libertad!ll

Según Fernando Assunçao-Iris Bombet Franco ("Cuadernos del Boston. Tomo 1. La Ciudad Vieja") el 25 de Mayo de 1833 se cantó en una función de gala del Teatro San Felipe (antes Casa de Comedias) el Himno Oriental, letra de Francisco Acuña de Figueroa y música del español Antonio Sáenz. Nunca llegó a oficializarse. No debió ser ése, evidentemente, el Himno que sí se oficializó el 8 de julio de 1833, escuchado por primera vez en el Teatro San Felipe al conmemorarse el tercer aniversario de la Jura de la Constitución. Isidoro de María -en publicación titulada "Tradición del Himno Nacional" (Véase N0 21 de la Revista Histórica) apunta que la partitura musical pertenece al Prof. Barros.
Sigamos a Don Isidoro: En el mismo año 1833 se cantó con otra música compuesta por el Prof. Sáenz, director de la orquesta del San Felipe. El año 37 se cantó, por vía de ensayo, con música compuesta por el Prof. Casalli. El año 38 se cantó por música refundida nuevamente por el Prof. Sáenz". Y continúa Don Isidoro de María: "Entretanto seguíase cantando el Himno Nacional por la música de Quijano, instrumentada por Debali para orquesta, hasta que en definitiva se decretó música exclusiva la dedicada por Quijano". De María aludió al Decreto de 28 de julio de 1848 -firmado por Joaquín Suárez y Manuel Herrera y Obes durante la Guerra Grande- cuyo texto era el siguiente: "Siendo necesario dar al Himno Nacional una música adecuada, con que pueda entonarse en los días festivos de la Patria y habiendo merecido la aprobación del Gobierno la composición del ciudadano Don Fernando Quijano, el Poder Ejecutivo acuerda y decreta: Artículo 1º: el Himno Nacional tendrá por música exclusiva la que le ha dedicado el citado ciudadano Don Fernando Ouijano".
(Una breve pausa en el seguimiento do Don Isidoro, para recordar que tres años antes, en 1845 -concretamente el 12 de julio- el Gobierno de la Defensa había hecho lugar a las modificaciones introducidas por Acuña de Figueroa a su propia letra aprobada en 1833. Y el 18 de Julio de ese año 45, se ejecutó por primera vez el Himno Nacional con letra de Acuña de Figueroa, música de Quijano, con introducción, orquestación y arreglos del Maestro de Bandas Don Francisco José Debali, húngaro radicado en Montevideo, quien en carta abierta publicada en la prensa diez años después, en 1855, expresaba: "En honor a la verdad, debo decir que el señor Quijano tuvo efectivamente alguna parte en la composición de la música, porque él fue quien me hizo penetrar del espíritu del Himno, y en cierto modo del tono que debía asumir aquélla" Ni Quijano ni Acuña, emplazados públicamente en esta carta, rectificaron lo afirmado en ella.
Hay, pues, argumentos de sobra, para afirmar que el Himno Nacional, valiente en la letra y arrebatador en la música, es obra de dos Francisco Acuña de Figueroa, y Debali.

Según pasa el tiempo. Escribe REBAR
El País
6 de octubre de 1996



HIMNO NACIONAL
Versión completa - original

Letra: Francisco Acuña de Figueroa
Música: Francisco José Debali

Orientales la Patria o la Tumba!
Libertad o con gloria morir!
Es el voto que el alma pronuncia,
Y que heroicos sabremos cumplir!

Libertad, libertad Orientales!
Ese grito a la Patria salvó
Que a sus bravos en fieras batallas
De entusiasmo sublime inflamó.
De este don sacrosanto la gloria
Merecimos tiramos temblad!
Libertad en la lid clamaremos,
Y muriendo, también libertad!

Dominado la Iberia dos mundos
Ostentaba sus altivo poder,
Y a sus plantas cautivo yacía
El Oriente sin nombre ni ser;
Mas, repente sus hierros trozando
Ante el dogma que Mayo inspiró,
Entre libres, déspotas fieros,
Un abismo sin puente se vió.

Su trozada cadena por armas,
Por escudo su pecho en la lid,
De su arrojo soberbio temblaron
Los feudales campeones del Cid:
En los valles, montañas y selvas
Se acometen con muda altivez,
Retumbando con fiero estampido
Las cavernas y el cielo a la vez.

El estruendo que en torno resuena
De Atahualpa la tumba se abrió,
Y batiendo sañudo las palmas
Su esqueleto, venganza! gritó:
Los patriotas el eco grandioso
Se electrizan en fuego marcial,
Y en su enseña más vivo relumbra
De los Incas el Dios inmortal.

Largo tiempo, con varia fortuna,
Batallaron liberto, y señor,
Disputando la tierra sangrienta
Palmo a palmo con ciego furor.
La justicia, por último, vence
Domeñando las iras de un Rey;
Y ante el mundo la Patria indomable
Inaugura su enseña, y su rey.

Orientales, mirad la bandera,
De heroísmo fulgente crisol;
Nuestras lanzas defienden su brillo,
Nadie insulte la imagen del sol!
De los fueros civiles el goce
Sostengamos; y el código fiel
Veneremos inmune y glorioso
Como el arca sagrada Israel.

Porque fuese más alta tu gloria,
Y brillasen tu precio y poder,
Tres diademas, ho Patria, se vieron
Tu dominio gozar, y perder.
Libertad, libertad adorada,
Mucho cuestas tesoro sin par!
Pero valen tus goces divinos
Esa sangre que riega tu altar

Si a los pueblos un bárbaro agita,
Removiendo su extinto furor,
Fratricida discordia evitemos,
Diez mil tumbas recuerdan su horror!
Tempestades el Cielo fulmina,
maldiciones desciendan sobre él,
Y los libres adoren triunfante
de las leyes el rico joyel.

De laureles ornada brillando
La Amazona soberbia del Sud,
En su escudo de bronce reflejan
Fortaleza, justicia y virtud.
Ni enemigos le humillan la frente,
Ni opresores le imponen el pie:
Que en angustias selló su constancia
Y en bautismo de sangre su fé.

Festejando la gloria, y el día
De la nueva República el Sol,
Con vislumbres de púrpura y oro,
Engalana su hermoso arrebol.
Del Olimpo la bóveda augusta
Resplandece, y un ser divinal
Con estrellas escribe en los cielos,
Dulce Patria, tu nombre inmortal.

De las leyes el Numen juremos
Igualdad, patriotismo y unión,
Inmolando en sus aras divinas
Ciegos odios, y negra ambición.
Y hallarán los que fieros insulten
La grandeza del Pueblo Oriental,
Si enemigos, la lanza de Marte
Si tiranos, de Bruto el puñal


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