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EMPREDADO

 Por: Cary de los Santos Guibert

El empedrado en una ciudad es esencialmente higiénico. En primer lugar, si se hace con algún cuidado—condición indispensable en todas las cosas — impide la estagnación de les depósitos de agua que se encuentran frecuentemente en las localidades no empedradas, cuya agua fermenta y con sus exalaciones fétidas corrompe el aire y ocasiona infaliblemente enfermedades que pueden llegar á ser  epidémicas.

En segundo lugar, con el empedrado, se evitan las polvaderas que sin él levanta el Viento continuamente en todas direcciones y que, ademas de la incomodidad que causan, son muy malsanas y deben causar oftalmias, en las secas de que ningún país esta libre.

En tercer lugar, el empedrado facilita á una policía bien organizada y cuando las circunstancias lo exigen, en los cuidados materiales de todos los momentos que debe a los habitantes, y aumenta el aseo necesario donde hay una aglomeración considerable de personas pudiéndose estraer mas cómodamente las basuras que se forman con tanta abundancia en las habitaciones.

Pero para obtener ese resultado, la autoridad debe establecer un servicio que demanda ser muy vigilado, para que se tomen seriamente las medidas necesarias y de una importancia incontestable.

No se trata únicamente de tener los medios de ejecución; se trata también que inspectores de conciencia lleven en ese servicio toda la buena voluntad que requiere la empresa.

   Se sabe que el empedrado de las ciudades y de los caminos, remonta á una alta antigüedad, particularmente a los Romanos nuestros maestros en muchas cosas y que nos han dejado modelos de todas clases que hemos imitado igualándolos á veces, pero sin mejorarlos nunca.

En todos los países donde la piedra es abundante, se emplean para el empedrado, piedras cúbicas de 20 a 25 centímetros de cada costado.

Para que el empedrado tenga duración, es necesario que el obrero antes de emplear la piedra, prepare con cuidado el piso con el fin de facilitar los desagües, empleando para esto el nivel. El suelo así preparado se cubre de una capa de arena que tenga próximamente 20 centímetros de espesor; después, cuando este cubierta de esa manera una regular estension, se colocan las piedras que se engastan en la arena con una maza pesada; y en fin se vuelve á cubrir el  todo con otra capa de arena de 36 milímetros de espesor, cuya arena consolida el empedrado al introducirse poco á poco en sus hendijas segun se vaya usando.

Las aceras, Ios patios, las caballerizas etc., se empedran con piedras de doce centímetros de cada lado sobre seis de espesor y en vez de emplear arena, se ligan con argamasa; esta clase de empedrado es mas difícil y requiere un empedrador hábil y ejercitado en este trabajo.

Las aceras son generalmente mas altas que el empedrado y van acordonadas con piedras chatas colocadas perpendicularmente.

En los paises donde la piedra es escasa, se empedran las aceras con ladrillos muy cocidos colocados tambien perpendicularmente y  consolidados con argamasa, Este empedrado dura bastante tiempo.

La ltalia moderna ha imitado a Roma antigua en este empedrado tan ingenioso como durable. Es asi que están empedradas las galerias del Coliseo.

Un nuevo procedimiento ha sido empleado con buen éxito; consiste en colocar sobre una capa de argamasa, pedazos de madera de 4 pulgadas en cuadro, sobre diez de alto. Ademas de la resistencia que presentan al roce y al peso esas piezas de madera colocadas de punta, tienen todavía la ventaja de evitar el ruido que con otros empedrados hacen los carruajes; seria por ejemplo muy conveniente en una puerta cochera.

Me he estendido sobre este capitulo del empedrado, mas de que parecía convenir á este cuadro de higiene, pero como considero indispensable a la salud pública, como ya lo he dicho, que las calles no sean abandonadas a si mismas, no estaba del todo ageno á mi propósito indicar ligeramente los diferentes métodos empleados en Europa, cuya tendencia especial es el aseo en las poblaciones, y que por consiguiente se liga tan estrechamente con el objeto primordial de esta obra.

Ahora diré algunas palabras sobre el empedrado de la ciudad de Montevideo 

El sistema seguido desde mucho tiempo, aunque mejorado, ha cambiado poco en cuanto a solidez, por la facilidad y la prontitud estraordinaria con que se ejecuta ese trabajo. En él, muy pequeña parte tiene el arte: se rompen grandes piedras y sus fragmentos de forma irregular como la de la rotura a martillazos, se emplean sin asegurarlos con el cuidado que requiere un tan esencial buen sistema de empedrado. Sin embargo—así como se hace—los habitantes propietarios tienen que pagar este empedrado á un empresario que— solo por un favor especial—ha obtenido una empresa que no se concede en general sino á hombres de una capacidad reconocida en la materia y a la que procede por si mismo sin conocimientos ni estudios previos.

Si la primera condicion para la salubridad de las ciudades, es una buena disposicion en las vías publicas [1], debemos pensar que la ciudad nueva edificada fuera del mercado principal, con sus calles anchas, bien niveladas, si fuese tenida en buen estado es muy favorable á sus habitantes por llegarles libremente el aire y la luz, Esas calles son cómodas especialmente para el tránsito tanto de los hombres como de Ios carruajes, condición que debe principalmente llamar la atención en toda ciudad nueva.

Desgraciadamente el sistema de empedrado que se ha adoptado para las calles, es generalmente mal ejecutado y puede contribuir por sus defectos a la infección del aire; así hemos observado que los intervalos entre las piedras son tan grandes, especialmente en la ciudad nueva, que forman otros tantos depósitos donde los orines las aguas sucias etc., se estacionan y con su fermentación vienen á engrosar el numero de las causas generales de insalubridad.

En fin, con el poco cuidado que se emplea para la limpieza de las calles en las que—a pesar de los avisos y de la vigilancia de la Policía—se arrojan, a toda hora de día y de noche, orines, aguas sucias, aguas de jabón, etc. no deben sorprendernos las enfermedades que todos los año nos aterran.

A las causas que acabo de enumerar, sgregare la que nace de los terrenos—cercados o no—cuyo piso este mas bajo que el de la acera y de la calle, donde las aguas llovedizas reunidas a las que arroja el vecindario, forman otras tantas cloacas pestilentes.

No aconsejaré por cierto á la autoridad que ordene la observancia rigorosa del  aseo en el interior de las propiedades urbanas, pero ella tiene me parece, el derecho y el deber de hacer ejecutar las medidas policiales indispensables para obtener que el aseo sea una realidad.

Los establecimientos públicos deben dar el ejemplo, y lo decimos con pesar, hemos observado albañales donde la basura amontonada no permite la salida de los orines cuya detención vicia necesariamente el aire atmosférico, atacando con su olor pestífero y alterando por todas partes la salubridad. 

(1) El empedrado de las calles de Montevideo, ha contribuido evidentemente mas que todas las otras empresas a la sanidad de la ciudad; ya no se ven como antes, esas lagunas que ocupaban a veces una cuadra de estension y que permanecían así inviernos enteros.

Es indispensable adoptar algún medio eficaz para que se barran las calles con el fin de ver la ciudad en verdaderas condiciones de aseo. Dificultades no desconocidas del servicio domestico hacen imposible que el vecindario cumpla las ordenanzas con regularidad y siempre las medidas tomadas a ese respecto, han sido ineficaces; es pues forzoso que la municipalidad llame a si ese servicio como el del alumbrado.

Tomado textualmente de CONSIDERACIONES SOBRE HIGIENE Y Y OBSERVACIONES RELATIVAS A LA DE MONTEVIDEO por Adolfo Brunel - Doctor en Medicina – Doctor en el  Hospital de Caridad de Montevideo.

Montevideo 1862 – Imprenta de la Reforma Pacífica.


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