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EL CHAJA

Muchas son las leyendas que se han tejido sobre esta particular ave, le contamos algunas, tomadas del DICCIONARIO FOLKLORICO Felix Coluccio Ed. "El Ateneo"
Chajá (Chauna chavarría)
Esta ave de costumbres monógamas, vive por lo común en las llanuras en las vecindades de lagunas y ríos. Aunque tiene la facultad de volar muy alto, tal como ocurre con las grandes rapaces, es frecuente verla correr como las gallinas y criarse sin dificultad en las chacras y estancias. La pareja de los chajaes viven unidos hasta la muerte, único accidente que separa sus excelsos amores, y que cuando llegara para uno, no tarda en sucumbir de dolor el otro. Por ello se les ha llamado aves del amor, aves inseparables. Varias leyendas han sido recogidas en la región guaraní en torno al chajá, algunas netamente indígenas y otras que muestran la influencia cristiana, tal como la que a continuación se detalla:
"Dos
muchachas se hallaban lavando a orilla del río cuando llegaron Jesús y San
Pedro; habiéndoseles pedido agua para beber, le alcanzaron espuma de jabón y por
esto fueron maldecidas; al quererse ir, por decir yaja, que en guarani
quiere decir vamos, dijeron chajá y salieron volando transformadas en
pájaros. Desde entonces sus cuerpos tampoco sirven para nada, pues su carne
dicen que es pura espuma, de donde proviene el conocido dicho popular: Pura
espuma como el chajá.
En el Chaco, la versión es diferente: dos mujeres lavaban su ropa junto a un
manantial. Una mujer con su niño en brazos se acercó pidiéndoles agua. Se la
negaron aquellas, mas cuando la pobre mujer se alejaba, la llamaron como
arrepentidas, y le dieron un jarro con agua que estaba sucia. Sedienta y
dolorida se alejó de allí caminando lentamente, cuando un loro le indicó que muy
cerca encontraría otro manantial fresco, donde apagar su sed. Y así lo hizo.
Pero volviendo donde se hallaban las lavanderas, observó que contaban a sus
esposos lo que había acontecido. Y ella, que era la Virgen, al escuchar que
decían yajá (vamos) las transformó en aves, lo mismo que a sus maridos.
También en el Chaco corre la siguiente variante: Dos mujeres lavaban su ropa,
cuando una anciana les pidió agua para beber. Le dieron un jarro con agua
jabonosa, y una dijo en seguida: yaja (vamos). La viejecita, que no era
otra que la Virgen, las transformó en aves, gritando siempre: yajá, yajá.
Según un versión Uruguaya de Flangini, la leyenda del chajá es diferente: Un
indio llamado Yaguaty fue designado por sus compañeros de tribu para que
atalayara desde un bichadero la costa, pues se presentía que llegarían invasores
blancos. La consigna seria que si se avistaban debía gritar: Cha-ha! Cha-ha!,
que en lengua indígena significa: Vamos!. Pasaron varias lunas cuando el indio
fue sorprendido por el enemigo y herido de muerte. Avanzó por entre penas y
árboles, mientras que del corazón de aquel se levantó un ave de color grisáceo
que ostentaba un adorno de plumas sobre su frente y un cuello negro como símbolo
de dolor. Irguióse sobre sus patas rojas y se puso a gritar casi de inmediato:
Cha-ha! Cha-ha!, avisando al resto de la tribu para que estuviera alerta. Cuando
finalizó el combate con el invasor, los indígenas buscaron afanosamente a
Yaguaty, pero solo hallaron su cadáver y junto al ave que había emergido de su
corazón, y que aun hoy, cuando ve seres extraños una voz ancestral le arranca
ese Cha-ha! que salvó otrora a toda la nación. – Durmiendo con una pluma de
chajá debajo del colchón el que lo haga tendría un oído fino y alerta. Lo mismo
si se pone debajo de la almohada.
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