Nació en Montevideo, el 8 de junio de 1830, aunque otros autores
equivocadamente lo señalan siete días antes. Era hijo de don Pedro
Blanes, español y de doña Isabel Chilavert, argentina, oriunda de Santa
Fe. La escasa documentación sobre los comienzos de su carrera artística
sólo nos indica que desde pequeño mostró vocación por el dibujo, pero la
necesidad de ayudar a los suyos, le hizo ingresar como tipógrafo en la
imprenta de "El Defensor de la Independencia Americana", periódico del
partido de Oribe. A los 20 años, pudo Blanes consagrarse por completo a
la pintura. En 1857, se trasladó a Entre Ríos, donde el general Urquiza
le encargó que decorase su Palacio de San José, dejando muestras de ser
un pintor vigoroso a través de varios trabajos entre los que figuraban
ocho óleos de batallas, algunos retratos y la pintura del oratorio. En
1860, regresó a Montevideo y obtuvo del Congreso una pensión para
perfeccionar al año siguiente sus estudios en Roma y Florencia,
permaneciendo en este último lugar hasta 1864, donde estudió con Antonio
Ciseri. Esa influencia de lo académico, originada por Ciseri, se
proyectó largamente sobre las obras de Blanes, pudiendo diferenciar de
esa actitud principalmente su labor como pintor costumbrista y algunos
retratos, así como cuando trató algunos temas que le ofrecía la
información del momento. A su regreso la pintura no tenía secretos para
Blanes. Sin embargo, se impuso, triunfó a fuerza de voluntad e
inspiración. Producía mucho. Era pintor fecundo y desigual. Aparte de
sus envíos de pensionado, se estrenó con un retrato ecuestre del
presidente paraguayo general Francisco Solano López, hecho el mismo año,
y El Bombardeo de Paysandú, pintado en 1856. En el género histórico,
obtuvo un clamoroso triunfo con el cuadro de Un episodio de la fiebre
amarilla en Buenos Aires, pintado en 1878, en el cual evocó con realismo
conmovedor una de las escenas más dramáticas de aquellos luctuosos días
de 1871. Será con la representación de los Drs. Roque Pérez y Manuel
Argerich, descubriéndose en el umbral de la pocilga, frente al dolor y
la muerte. Con parecido éxito pintó sucesivamente La Muerte del General
Venancio Flores, donde realizó seguros y certeros toques sobre el relato
de un crimen, sin perder su carácter de noticia; La Revista de Rancagua,
obsequio de la República del Uruguay a la Nación Argentina, en 1878, en
la que patentizó la emoción extraña, casi angustiosa de la legión
chilena, los "hijos de la patria vieja" que marchaban heroicos e
impasibles hacia la terrible jornada de Rancagua; El incendio del vapor
América, en colaboración con De Martino; El Retrato de su madre, primer
premio de la Exposición de Chile en 1875, juzgado por Zorrilla de San
Martín como su obra maestra, el desnudo; las excelencias plásticas de
Demonio, mundo y carne, en el que hay que anotar un color trabado con
consistencia, que exhibió en la Exposición Internacional de París, en
1900; El asesinato de Florencio Varela; Los últimos momentos del general
José Miguel Carrera, que tanto apreciaba Blanes, y que lo expuso con
gran éxito en Santiago de Chile en 1873; Como muere un oriental y la
figura de La Paraguaya. En el Juramento de los Treinta y Tres Orientales,
que Blanes donó al gobierno uruguayo, consagró su nombre. Allí mostró la
emoción épica de la gesta de Lavalleja a través del desembarco de los
héroes en la playa de la Agraciada para libertar la patria invadida y
sojuzgada por el Imperio. Luego de haber decorado la rotonda del
Cementerio Central Pintó la Revista de 1855, donde solucionó los más
arduos problemas de las telas grandes al identificar patentemente a
caballos y caballeros, que los militares obsequiaron al presidente
general Santos. Otras dos telas de aventajadas dimensiones y de relevado
valor artístico e histórico fueron El General Roca ante el Congreso
Argentino, y La Conquista del Desierto, donde también lo representó al
frente de las tropas expedicionarias en la margen del Río Negro, por
encargos recibidos de la Argentina. Blanes, sin la técnica genial de los
grandes pintores franceses finiseculares, supo comprender y hacer sentir
la patria en sus creaciones pictóricas, mérito, y virtud que hace
olvidar los defectos menores que una crítica demasiado severa señaló en
su tiempo. Volvió a Italia en 1879, a vigilar la educación artística de
sus hijos y al cabo de cuatro años de ausencia que también fueron de
estudio y trabajo, restableció su taller en Montevideo, dedicado
principalmente al retrato. Entonces produjo piezas culminantes en ese
arte: el Retrato de Carlota Ferreira, donde suelta alegremente los tonos
de su paleta, traduce con claridad pictórica las calidades del físico de
su modelo y las prendas de su vestimenta. Se destacan dentro del mismo
molde la austeridad del Retrato de su hermano Mauricio Blanes, la
placidez risueña del retrato de su madre, o las de José María
Castellanos, de Besnes e Irigoyen, de Jaime Roldós y Pons, de Pedro
Márquez y otros. En su galería figuran además los retratos de Flores,
Rivera, Tajes, Pagola, Osorio, Solano López y Artigas. De los personajes
de sus temas folklóricos, el gaucho es no sólo el principalmente tratado,
sino también el más sentido. Cuando lo interpreta realiza impresiones
típicas del gauchaje indolente que se recuesta en palenques y tranqueras
o cuando no se sacude en domas, enlazadas y boleos. Blanes allí se
permite una libertad que no es habitual en sus trabajos, y logra así
obras perdurables. Puede que en el artista, pese a la emoción que ese
personaje le provocaba, privara el concepto de la época, según el cual
la categoría del tema jerarquizaba a la obra; si así hubiera sido, las
conclusiones de la estimación posterior resultarían un tanto paradójicas
puesto que aún sin llegar a considerar a sus pinturas de gauchos como
sus obras más valederas, -muchas veces se ha estimado que es en ellas
donde mejor se advierten sus grandes condiciones de pintor. La muerte
trágica de su hijo Juan Luis y la misteriosa desaparición de Nicanor, el
último que sobrevivía, atormentaron los últimos años de Blanes, en medio
de su salud quebrantada, falleciendo en Pisa (Italia), el 15 de abril de
1901, cuando proyectaba terminar su último gran lienzo "La Batalla de
Sarandí", en el que venía trabajando desde hacía tiempo. Desde entonces,
las generaciones rioplatenses lo han recordado como uno de los mayores
artistas de su tiempo y le rinden el homenaje de la posteridad. Una
Exposición Retrospectiva fue realizada en Montevideo en 1941, guiada por
Raúl Montero Bustamante. Desde el número de piezas recogidas. documentos
reunidos, redacción y publicación de un Catálogo tan completo en su
parte escrita como gráfica, y la cantidad de conferencias y comentarios,
se consiguió un estudio exhaustivo sobre la vida y obra del artista
uruguayo. En 1941, se realizó en el Museo Nacional de Bellas Artes de
Buenos Aires, otra exposición de 219 cuadros y dibujos de Blanes.
Montevideo ha dado su nombre a una calle como también Buenos Aires.
Algunas de Sus Obras

Retrato de Artigas al carbón
El Cabildo Abierto del 22 de Mayo de 1810
Chiripá rojo
Descanso Escena camprestre

Asesinato del Gral. Venancio Flores 1868

La epidemia de fiebre amarilla 1871

Boceto para la jura de la Constitución 1872

El Baqueano 1875
La Taba 1878

Juramento de los 33 Orientales 1877

Batalla de Sarandí 1901

Acción de gracias de la Batalla de Las Piedras 1901
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